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Todo suma y nada… resta

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Subida Cuevita 2010

Posted by fjmachin en 25 agosto 2010

Como ya comentábamos en alguna entrada anterior, los últimos entrenos estaban orientados a la preparación para la Cicloturista que organiza la Federación Insular de Ciclismo de Gran Canaria Virgen de la Cuevita, con salida en Las Palmas y llegada en Artenara, para homenajear a la patrona de los ciclistas de esta isla. El recorrido de esta prueba aparece aquí y la altimetría es la que se muestra en la siguiente figura:

Altimetría de la Cicloturista Virgen de la Cuevita.

Para describir un poco el recorrido, digamos que se sale del Auditorio Alfredo Krauss en dirección hacia el Norte hasta la rotonda de Bañaderos; ahí se toma el desvío subiendo hacia Cambalud y posteriormente hasta Firgas. En el cementerio de Firgas se hace la primera parada para agrupar al pelotón que se dispersa en esos primeros 22 kilómetros de marcha. La siguiente parada es en el Balcón de Zamora, a casi 1000 metros de altitud, donde hay avituallamiento de agua y fruta, antes de entrar en el tramo duro de la subida. A estas alturas, en el kilómetro 30, ya las fuerzas van justitas, y viene la parte dura, el tramo desde Lanzarote a la Caldera de los Pinos de Gáldar, alcanzando los 1550 metros de altitud tras 42 kilómetros de etapa. A partir de ahí, 7 kilómetros de bajada hasta Artenara, donde tiene lugar el homenaje a la Virgen.

Pues bien, tras esta introducción, llega el gran día al que estábamos citados Fernan, Oli, Yoni, Iralde, Ayoze y Francis. El día empezó tempranito (para Ayo realmente se unió con el día anterior por su viaje de regreso de Málaga) y antes de las 8.30 debíamos retirar el dorsal. A las 8 íbamos saliendo del aeropuerto en dirección Las Palmas, cuando Yoni nos llamó para ver por dónde andábamos y nos dijo que no nos diésemos mucha prisa, que había una cola importante para retirar el dorsal. En el camino hacia Las Palmas, advertimos que en la zona alta de la isla iba a dominar el calor, a pesar de la engañosa panza de burro que había a esas horas en Telde y Las Palmas. Llegamos a Las Palmas sobre las 8.25, montamos las bicis, nos equipamos y vamos a sacar el dorsal. Efectivamente, había una cola de cojones, y estuve esperando como 15 minutos a que me dieran los nuestros. Por cierto, Fernan tuvo que llamar a su casa para que mami le dijera su número de DNI para completar la inscripción, fuerte personaje :).

La salida estaba prevista para las 8.45, pero no fue hasta las 9.15 que la organización nos convocó para hacer la foto de familia frente al Auditorio. Algunos minutos después ya estábamos en carretera, comenzando la Cicloturista que debía llevarnos hasta Artenara. Llegamos hasta Bañaderos sin incidentes, tan sólo aplacando la fogosidad de Fernan que se iba con los de delante de manera natural. En todo este tramo el pelotón iba bastante agrupado, a una velocidad media de 20.5 kmh.

Comienza la subida con una pendiente media del 5.5% entre Bañaderos y Firgas, con un tiempo perfecto para salir en bici, muy cubierto y sin prácticamente viento, con el aire muy fresco. Aquí comienza a estirarse el pelotón y tengo la sensación de que el ritmo es algo más alto que el del año anterior. La subida hacia Firgas fue bastante animada, con buen ambiente entre los participantes de la Cicloturista. Nuestro grupo se rompió en esta subida y ya no volvió a estar unido en toda la salida. Llegamos al cementerio de Firgas con una velocidad media entre Bañaderos y Firgas de 13.7 kmh, tras 1 h y 27 min de etapa, y estamos ya a unos 560 metros de altitud. Hacemos una breve parada en la que se sueltan líquidos, se coge resuello, nos enchufamos algún gel o chocolatina y nos disponemos a realizar el siguiente tramo, que nos llevará hasta el Balcón de Zamora.

Hasta el Balcón de Zamora fueron casi 8 km, tras los que alcanzamos la cota de los 920 metros, con lo que tiene una pendiente media del 4.5%, si bien hay un kilómetro con pendiente media por encima del 8%. En esta subida nuestro grupo se vuelve a fragmentar y el pelotón está ya estiradísimo, formándose los característicos grupetos propios de este tipo de etapas de montaña. En este tramo se produce el cambio que ya anticipábamos: sale el sol, radiante, muy fuerte, y el aire se seca, pasando a ser las condiciones ambientales ahora mucho más duras y menos favorables para practicar deporte. Llegamos al Balcón de Zamora tras 29.6 km en 2 horas justas de etapa, haciendo este último tramo a una velocidad media de 15.0 kmh. En este aparcamiento del Mirador la organización ofrece agua, plátanos y manzanas, que gustosos vamos devorando acompañados por geles o lo que fuese. Ya le vamos viendo las orejas al lobo, porque vamos acumulando kilómetros y porque el tiempo lo va haciendo algo más duro.

Esta segunda parada fue de más de 20 minutos, cosa que agradecemos todos para ir recuperando fuerzas. Tras ese tiempo, la organización decide emprender la marcha, hacia el tramo duro que debía llevarnos hasta la Caldera de los Pinos de Gáldar, en el kilómetro 42.3 a 1566 metros de altitud. El desnivel de este tramo es por tanto de 640 metros en 12.7 km, lo que da una pendiente media del 5%; eso sí, el tramo temido es el de Lanzarote-Cueva Corcho, 3 km al 6, 7 y 8% sin un puto árbol que dé algo de sombra. A los pocos metros de arrancar ya nos queda claro que esto va a ser un sálvese-quien-pueda. Fernan se va algo por delante en los primeros kilómetros, yendo Francis e Iralde algo por detrás y los demás cerrando nuestro grupo. Llegamos hasta Lanzarote aguantando un cierto ritmo y según se pasa de Lanzarote se desencadena la tormenta: dureza, mucha dureza y en mi caso pérdida completa de las buenas sensaciones que había tenido hasta el momento. Quito el plato mediano porque ya no podía con él y me voy al pequeño, reservado para las situaciones de “rescate-extrema emergencia” (soy un peliculero :)). Iralde se me va por delante, centímetro a centímetro en cada pedalada y al rato vemos a Fernan sentado en el quitamiedos, cogiendo resuello porque la cosa estaba peliaguda. Al rato me pasa Ayo: “Cómo vas bro!?”; mi respuesta: “Bien”. Ayo iba de pie encima de la bici, pero yo iba tan fundido que no tenía ni fuerzas para levantarme. Seguimos tirando para arriba, deseando llegar a la curva de Cueva Corcho, para quitarme de encima la sensación de ahogo por el puñetero calor. Llego por fin a la curva ansiada y entramos en una zona en la que la vegetación ayuda a tener un poco de alivio, algo más de sombra. El tramo Lanzarote-Curva Corcho lo hice a la escalofriante velocidad de 9.7 kmh. Lo peto. Estamos en el kilómetro 36.2, así que ya “sólo” faltan 6 kilómetros para llegar arriba.

El resto de la subida fue en la misma línea de malas sensaciones, mucho calor, nada de ritmo y sobre todo ganas de llegar, muchas ganas de llegar. Hay un tramito en el kilómetro 37 en el que las pendientes se suavizan mucho aunque luego se endurezcan, y ya en el kilómetro 38.2 hay una bajadita que viene como agua de mayo para coger nuevamente resuello, antes de los 3 km finales. Lo peor es cuando llegas al km 40.5 y ves lo que te queda para llegar arriba: una subida espectacular, que te cuesta trabajo creer que es por donde tienes que pasar para llegar a la Caldera. Leña para arriba, que la cosa se acaba, y llego por fin a la Caldera con un calentón de mucho cuidado, que no podía ni hablar. Ayo me trajo una botella de agua y se llevó mi bici, porque tampoco podía ni con mi alma. Fui a buscar un poco de sombra, que era lo único que quería. El último kilómetro lo hice a nada más y nada menos que a 9.2 kmh, con bastantes tramos en los que no pasaba de 8 kmh, para olvidar. Como dato anecdótico, la velocidad media en el tramo Balcón de Zamora-Caldera de los Pinos de Gáldar fue de 12.7 kmh. La duración total de la subida fue en mi caso de 3 horas y 6 minutos.

Tras un breve descanso, ya pude comenzar a hablar y que los demás pudiesen escucharme. Estuvimos un rato descansando y ahí decidimos que dábamos por concluída la etapa, no bajando a Artenara. Bajar a Artenara habría supuesto tener que subir luego unos 7 km, algo que ya se nos hacía demasiado a todos. La organización se fue con los demás ciclistas y allí nos quedamos sólos Iralde, Ayoze y yo con algún que otro turista, esperando que el resto del equipo diese alguna señal de vida.

Y ahí se produjo uno de los momento del día. Si el año pasado fue Benito quien nos dio tremenda sorpresa, en esta ocasión les tocó el turno a ellos: Jose, Mari Carmen y Gasmi (se escribe así!?) aparecieron en el coche, donde también venía Yoni, que decidió poner pie a tierra en el tramo Lanzarote-Cueva Corcho. Traían el coche cargado de zumo fresquito, donuts, flanes, agua y no sé cuántas cosas más que nos comimos sin pestañear. Ya nos adelantaron que Oli y Fernan estaban al caer.

Nuevamente, pelotón agrupado en la Caldera y un buen rato de descanso antes de comenzar el descenso, descanso que aprovechamos para cambiar impresiones. Decidimos hacerlo por el mismo camino de la ida, tan sólo haciendo una pequeña variante en Cambalud por Arucas, evitando así el tramo de ascensión de Bañaderos al cruce de Arucas. A lo largo de la bajada íbamos parando en los cruces para reagruparnos y para no tener confusiones. Aún así, nos perdimos en Arucas y ya no volvimos a vernos. Haremos lo posible para estar en mejores condiciones el año próximo…

Descansando al fresco en casita después del emboste

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Pelotonazo

Posted by fjmachin en 15 agosto 2010

Ayer, día 14, salimos a dar una vuelta con la mirada puesta en la Subida a Artenara de la próxima semana. Hay una cierta inquetud en buena parte del pelotón acerca de la dureza de la subida, sobre todo del tramo Lanzarote-Pinos de Gáldar, inquietud que motiva al personal a salir a hacer etapas de media montaña curiositas. En este caso salimos por la zona de Telde Iralde, Óliver, Yoni, Francis y la revelación del equipo, Fernan. La idea inicial era salir para el sur, para la zona de Cuatro Puertas-Ingenio, pero hacía demasiado viento que nos hubiese hecho “cagarnos en tó” de vuelta hacia Telde. Decidimos que era mejor salir hacia el norte, hacia la zona de El Sabinal-Bandama.

A eso de las 9.30 se pone en marcha el pelotonazo, en un día muy bueno para la práctica del ciclismo, por la presencia de abundantes nubes; además, en esta zona no hizo tanto daño el viento como con seguridad lo hubiese hecho por el sur. Salimos en dirección El Sabinal, rodando a buen ritmo hasta la zona de Marzagán. Ahí comienza a romperse el grupo, que mantenía una cierta consistencia dado lo abultado de su composición. Nos enfrentamos a las rampas de la zona y llegamos a El Sabinal, donde hacemos un pequeño descanso para coger resuello. Bajamos por la misma subida y tomamos la salida hacia Los Hoyos, una subida con mejor asfalto que la anterior y también algo más corta; de todas formas, en el kilómetro 1 de esta subida nos esperaba un auténtico muro, una rampa de unos 100 metros a más del 15%, que se sorteó como buenamente se pudo :).

Óliver, en plena subida de la cuesta de los Lirios.

Ya estamos en la zona de Los Hoyos y uno de los objetivos de la etapa era subir al Pico de Bandama. El único problema era la llamada Cuesta de Los Lirios, una animalada de unos 300 metros con rampas superiores al 22% (según el Garmin). Nuevamente nos enfrentamos a este muro y salieron victoriosos Francis e Iralde. Óliver y Fernan empezaron muy fuertes, tal vez demasiado, y eso les costó no llegar hasta arriba del todo. Yoni emitió varios improperios tan pronto advirtió la magnitud de la hazaña a realizar; tranquilamente, puso pie en tierra y se dio un paseillo torero hasta arriba.

Yoni, culminando la subida a la cuesta de Los Lirios.

Fernan, tras subir la cuesta de los Lirios.

Una vez el pelotón agrupado nuevamente, comenzamos la subida al pico de Bandama. Son casi dos kilómetros, que se hacen más largos de lo que parece inicialmente y que encierran una dureza inesperada, con rampas por encima del 7% en algunos casos. Llegamos arriba todos en buen estado, donde recuperamos y decidimos por dónde hacer la vuelta. Decidimos hacerla por La Atalaya de Santa Brígida, aunque esto nos costaría enfrentarnos a nuevas rampas importantes, sobre todo la que bordea el campo de golf, una nueva subida muy dura con rampas probablemente por encima del 15%.

Ya en La Atalaya, nos queda una buena bajadita por Las Goteras, para luego hacer al subida ligera hacia La Gavia. A partir de este punto, decidimos bajar hacia Telde y dar por concluída la etapa. La bajada fue muy rápida y tuvo un cierto peligro por el viento que azotaba de frente y nos inestabilizaba. Afortunadamente, no pasó nada y llegamos de una pieza de nuevo a Telde.

Francis, estrenando gafas, después de subir la cuesta de los Lirios.

Buena etapa, buenas sensaciones y muchas ganas de que llegue la subida a Artenara.

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Partigazo

Posted by fjmachin en 10 agosto 2010

Seguro que ya saben que me fui para el sur unos días con la familia, a descansar que falta nos hace. La actitud en estos casos suele sar la de jartarse a comer en el buffet del “Todo Incluído” con el desenfreno habitual de este tipo de restaurantes. Pero claro, hay que mantener la línea y eso exige hacer un poquito de deporte.

Antes de ir para Taurito me miré alguna posible ruta que hacer y el viernes tiramos pa’bajo. Ya llegado el sábado, como es costumbre Yone nos pone a todos en pie tempranito en la mañana, en este caso a eso de las 7. Pues nada, me preparo para salir a correr casi en ayunas, pero con ganas, de buen ánimo. Después del calentamiento preceptivo, arranco a correr desde el hotel, primero en cuesta abajo unos 700 metros; luego cojo un camino de tierra unos 500 metros; deshago el camino de tierra y ya voy completando casi un par de kilómetros, con la mirada puesta en llegar a la Playa de Taurito para echar unas series que falta me hacen.

Pues eso, que pensando en una cosa y la otra, no veo un pedazo

Detalle de la mano derecha, la más afectada. Ni de chiquillo chico me hice nunca ese desastre en la mano.

de hoyo que había en el asfalto; meto la pata ahí y sin darme cuenta me veo patinando por el suelo como dos metros. Ostión donde los haya. Casi sin creerme que me había caído, me levanto, me veo las manos echas polvo y ensagrentadas, pero estoy entero y de una pieza. Con algo del dolor propio de estas ocasiones, decido seguir para la playa, corriendo nuevamente a buen ritmo. Y hablando de ritmo, miro para el Garmin y me encuentro lo peor de la caída: le estallé el cristal en tres trozos. Ahora sí me cawenlaputa. Los arañazos y demás se me van a curar, pero lo del Garmin me va a doler aún

Detalle de la mano izquierda. Aunque el lado izquierdo del cuerpo fue el peor parado, esta mano quedó mejor que la otra.

más. En la playa me hice unas series y me metí un poco en el agua a limpiarme. Después de un ratillo, me limpio los pies y otra carrerita hacia el hotel. En total, unos 5 km en unos 28 minutos, buen ritmo para mí.

Ahora, al llegar a casa compruebo que el tema de que se estallen los cristales del Garmin es bastante habitual (en mi caso, además, justificado…). Por lo visto repararlo sale por un buen pico (como 100€) así que creo que me saldrá mejor hablar con algún relojero amigo

Cristal del Garmin reventao... eso sí es dolor.

de la zona, a ver si se puede hacer alguna cosa…

A cuidarse…

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Debut en triatlón: XIX triatlón de Salinetas

Posted by fjmachin en 2 agosto 2010

Envidia sana la que tuve el año pasado viendo competir en la XVIII edición del triatlón de Salinetas a Ayoze e Iralde. Me fue de Salinetas con aquella sensación infantil del tipo “yo también quiero” :). Desde entonces, poco a poco fui dedicando los entrenos a combinar la bici, disciplina que había trabajado hasta el momento, con la carrera a pie y con la natación. Ya en el mes de septiembre conseguí plaza en la piscina de Telde en horario poco recomendable, a las 7.45 de la mañana, durante unos escasos 45 minutos y tres días a la semana; unos días técnica, otros días series, lo que fuera con tal de ir progresando en natación. De igual forma, por las tardes me dedicaba a correr alrededor de casa o donde cuadrase, hasta hacer largas salidas, en algunos casos de más de una hora de carrera continua.

Entre tanto buscaba información en Internet o en libros relacionada con triatlón, que me pudiese ayudar a trabajar mejor este (multi)deporte y también compré algo de material del que no disponía hasta el momento. Entre este material destaca el Garmin 310xt, que no ha sido solamente el dispositivo que registra la información del ejercicio que uno hace, sino que acaba siendo un elemento más de motivación para ejercitarse, una vez se combina con el SportTracks.

Septiembre fue un mes en que dediqué mucho tiempo al triatlón, 27 horas (366 km; 10 km de natación, 80 de rodillo, 210 de ciclismo en carretera y 66 carrera continua), siendo octubre el de mayor dedicación con 30 horas (fundamentalmente ciclismo, con 544 km). Los meses de noviembre a febrero fueron bastante más moderados, con unas 19-20 horas al mes de ejercicio combinado. En diciembre ya participé en la San Silvestre de Las Palmas, corriendo en 38 minutos los 7.5 km de la prueba. Tenía previsto participar en el Medio Maratón de Gran Canaria, pero me lesioné del tendón de Aquiles durante los entrenos, hasta el punto de que casi no podía ni dar un paso… El nacimiento de Yone a principios de abril hizo que prácticamente no hiciese ningún tipo de ejercicio durante marzo y abril, aunque ya en mayo volvimos a la carga, con 5 horas de ejercicio, a las que sumar 10 en junio y 14 en julio. El volumen de estos últimos meses no fue el ideal, pero era el que me permitía mantener un cierto equilibrio entre la vida deportiva y la recién estrenada paternidad. Y lo mejor fue que no tuve molestias del tendón de Aquiles, algo que me preocupó bastante durante un tiempo.

Y llega el XIX Triatlón de Salinetas, el 1 de agosto. Desde febrero no había hecho nada de natación, así que ahí tenía una gran incertidumbre. En la semana del triatlón me fui a nadar el lunes a Melenara un rato (15-20 minutos) y algo parecido hice el miércoles en Salinetas; en ambos casos buenas sensaciones, en tanto que no tuve agujetas ni sentí excesivo cansancio (otra cosa es el ritmo, que evidentemente no iba a tener después de no sé cuántos meses sin nadar). El martes me eché una carrerita alrededor del Parque de San Juan, de 5 km, pretendiendo que fuese suave aunque finalmente me salió uno de los mejores tiempos que he hecho en 5000 m (menos de 28 minutos) sin hacer un esfuerzo excesivo. El jueves fui a reconocer el circuito, para ver la dureza de la subida y si había alguna trazada buena para no coger baches en la zona que está hecha una mierda; di un par de vueltas al circuito y luego me hice una transición de casi 2 km, para ver cómo me comportaba en la carrera a pie en la misma subida; nuevamente, buenas sensaciones y me quedo con la impresión de que en la subida es mejor quitar el plato para buscar cadencia y no ir demasiado trancado, que luego viene la carrera a pie.

El viernes no hice nada de ejercicio y para el sábado dejé trabajar un poco las transiciones. Para las transiciones me escribí en papel lo que tenía que hacer en cada una de ellas, y me quedé un esquema del tipo:

  • T1: QUITAR: gorro, y Garmin. PONER: Garmin en la bici, botas, dorsal y casco.
  • T2: QUITAR: casco y botas. PONER: zapatillas, dorsal pa’trás, gorra y poner el Garmin ya corriendo.

Ya ven, en los dos casos tenía que quitarme dos cosas y ponerme cuatro (fue más tarde cuando me di cuenta de que al salir del agua también tendría que quitarme las gafas…). Lo ensayé en el garaje de casa un par de veces con todos los elementos para asegurar que no se me escapaba nada. Aún me quedaba la incertidumbre de qué hacer con las botas de ciclismo, sin dejarlas en los pedales como los triatletas de verdad (:o) o ponérmelas e ir corriendo con ellas puestas. Al final decidí una fórmula combinada: al arrancar con la bici me las ponía en boxes, mientras que a la llegada a boxes me las quitaba durante la última bajada del recorrido y llegaba a la T2 ya descalzo. Ensayé esto un par de veces con la bici delante de casa y parecía funcionar bien el sistema de soltado de las botas.

En cuanto a la comida, compré un par de geles que Ayo me recomendó que utilizase al final de la bici, de cara a la carrera a pie. Por allí los tuve preparados. Preparé un bidón con sales para tenerlo en la bici y otro para dejarlo en boxes para pegar un par de sorbos en las transiciones. El sábado a mediodía me solté un emboste espectacular de macarrones con atún y ya por la noche un sandwich de vegetales, poderoso, pero de vegetales. A dormir, que llega el día.

7.00 de la mañana y Yone decide que es hora de despertarse y de despertarnos a todos. Pues nada, que así sea (tenía previsto levantarme a las 7.30). Desayuno mi leche con gofio habitual y voy dando los últimos retoques a los preparativos: inflo las ruedas a 7, cojo los bidones, me visto, reviso la mochila y a correr, directo pa Salinetas. Llego tempranito y compruebo que el ventanero que hay en casa también lo hay en Salinetas, casi nada. Me di una vueltita por el circuito con la bici y el viento pegaba una barbaridad en la subida, así que nada, tocará sufrir y ahora sí me queda claro que será mejor que quite el plato. Al rato de estar por allí veo a Isidro, Jose y Julio y nos paramos a charlar un poco de lo que se nos viene encima.

Cuando la organización lo tuvo todo montado, me acerqué para pedirles el gorro de natación (el viernes fui el primero en recoger el dorsal y aún no estaban listos los gorros); así que nada, me dan el gorro y me pintan el numerito, otra vez el primero (ya me quedaba claro que no ganaría el triatlón, porque habrían sido demasiadas veces “el primero”). Al rato pasamos el chequeo de la bici y vamos a colocar las cosas en nuestros sitios. Debía ser como las 9.30 cuando nos fuimos a correr un poco para ir calentando, dando una vueltita por la zona baja del circuito y la subida hasta la primera rotonda… así calentamos y vamos soltando el nervio ;). Al llegar a boxes me encuentro a todo el personal, Yoni, Oli, Iral y Jose, que vinieron a disfrutar del espectáculo y entretanto a animar también: Gracias, chiquillos!

Con bastante retraso, a las 10.15 pasadas, la organización nos pide que nos dirijamos a la playa, que va a dar comienzo la prueba. Dejo la mochila en el guardarropa y de camino me encuentro con Pilar e Yone, que venían también a estrenarse como espectadores de triatlón :). Justo en ese punto aparece también Ayoze, que llegaba con el tiempo justo. Seguimos para la playa, donde ya se encontraba buena parte de los participantes. Mojo las gafas, me pongo el gorro y a esperar a que den la salida. Primeros las chicas y al rato los chicos.

Suena el pito y salimos pitando para el agua. Fui caminando todo lo que pude, aprovechando que la marea estaba baja. A nadar, y buenas sensaciones en el primer largo. Hasta que llegué a la primera boya iba en el mismo grupo; después de la primera boya me debí deorientar, porque perdí a todo el mundo. Entre la segunda y la tercera boya zigzagueé bastante, y ahí perdí algo de tiempo y de fuerzas. Llegamos a la segunda boya y ya encaramos la recta final hacia tierra, sin mucho cansancio en los brazos ni hombros. Cuando voy saliendo del agua me doy cuenta de que iba muy atrás, ya casi no quedaban triatletas después de mí, algo que contrastaba con mis sensaciones no-malas durante la natación. Está claro que es la disciplina en la que más se penaliza la falta de técnica. Salgo del agua y como un tiro hacia la zona de boxes, corriendo sobre la arena pesada que me dejó sin resuello; me cansó más correr sobre la arena que el segmento de natación. Y encima tuve que decirle a los jueces como tres veces mi número de dorsal…

Una vez en boxes voy haciendo lo que tenía en el esquema para la T1, y creo que salió todo bien. Y comienza el segmento de ciclismo. En la primera vuelta salgo con el plato mediano por la cuesta y para ir calentando. Buenas sensaciones, poco a poco, y vamos cogiendo ritmo. Me sorprendió la parte del circuito en la zona de Ikea, porque no sabía cómo se resolvía esa zona, pero no tenía ninguna complicación. El problema estaba en el viento en la parte de atrás, que soplaba de frente, muy fuerte, a lo largo de un tramo en ligera subida y con mal asfalto: no se puede pedir más. Poco a poco voy remontando posiciones, buscando alguna rueda amiga para cobijarme del viento, pero no hubo suerte en todo el segmento de ciclismo. Comienza la bajada, donde voy tomando agua para ir hidratando. Llego a la rotonda del comienzo y sorteo bien los dos baches que había en la parte central. Muy animado el público en esta zona (no había nadie en todo el resto del circuito). Las siguientes vueltas fueron en la misma linea, con la subida dura por el viento de frente y haciendo todo lo posible para avanzar en la recta de atrás. Muchos participantes abandonaron en el segmento ciclista por pinchazos, roturas de pedales, de manillares, y a saber qué más, dando cuenta de la dureza del circuito. Una pena que después de tanto entrenar, tener que abandonar por una avería. Al inicio de la cuarta velta coincidí en la rotonda de la salida con los triatletas que iban en primera posición, justo cuando ellos comenzaban el segmento a pie; sin quererlo, pasé rozando al que finalmente fue el ganador de la prueba, aunque confío en que no le molestase demasiado. Y llegamos a la última vuelta. En la zona de Ikea me tomo el gel, bebo bastante agua para ayudar a que se absorba, y enfilamos la última bajada en bici, donde tendría que quitarme las botas. A pesar de la velocidad a la que circulaba, fue una maniobra limpia que me ayudó a que la T2 fuera más eficiente.

Hago el cambio a la carrera a pie y a correr, que esto se acaba. Buenas sensaciones al principio, no tenía los dolores habituales de las piernas contraídas por el segmento de bici, así que la subida fue genial. Llegé a Ikea con un ritmo prometedor de 5.35 min/km. A partir de ahí algo falló, porque en la bajada de atrás no conseguía bajar mi ritmo hasta 4.30 o incluso 4, algo que me parecía alcanzable tras los entrenos últimos. Comenzaron a adelantarme otros triatletas en esta bajada y era incapaz de seguir su ritmo. En la recta de atrás más de lo mismo, muy dura, y ni siquiera tuve buenas sensaciones en la bajada hacia la rotonda de la salida: piernas pesadas, muy pesadas a partir del kilómetro 3. Llego a la zona industrial y el compañero que me acompañó toda la bajada se fue por delante de mí, a un ritmo que no podía seguir. En cualquier caso, vamos directos para meta, y eso era lo que contaba. Estaba a punto de terminar mi primer triatlón.

Justo en la recta de meta me llama la atención una de las jueces, indicándome que me suba la cremallera del mono para tapar el torso. No tenía ni idea de que tuviese que ir con el torso cubierto. Seguimos pa’lante y entramos en meta, con un tiempo de 1h:29:02. Feliz y contento, en tanto que el tiempo que tenía previsto era de 1h:30.

A reponer líquidos, comer algo e intercambiar impresiones, que el triatlón dio para bastante. Mi rendimiento en cada una de las disciplinas, con respecto a lo que hicieron los demás participantes, aparece en la siguiente figura (mis tiempos aparecen marcados por la linea roja):

Ahí se comprueba que tengo mucho que mejorar en todas, especialmente en la natación y en la carrera a pie. Y aún así, debo decir que fue mi mejor carrera a pie sobre una distancia de 5 km.

Debut en triatlón, este deporte que engancha, y ya tengo ganas de que llegue la próxima edición, donde desde ya me propongo el reto de bajar de 1h:20. Pero para eso queda todavía un añito…

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