MdM Team

Todo suma y nada… resta

IronMan Lanzarote 2010

Posted by fjmachin en 2 junio 2010

Tengo que remontarme a septiembre de 2.009 para recordar el día que decidí participar en el Ironman Lanzarote 2.010. Estaba de fiesta (qué raro en mí) en Artenara, cuando varios amigos me dicen que si no voy a ir al Ironman junto con los demás; yo, muy extrañado, les pregunté que quiénes iban a ir, a lo que ellos contestaron: “Javi, Tavo, Sera e Isi!”; mi cara lo decía todo: “¿Que ÉSOS van al ironman y yo no? Imposible”, pensé. Uno o dos días después ya la decisión se hizo oficial al coger una de las últimas 30 plazas que aún estaban disponibles.

Con toda la ilusión del mundo me había inscrito en una de las pruebas más duras del mundo, el ironman: nadar 3,8 km, ir en bici 180 km y para terminar hacer 42,2 km a pie. Nunca había hecho esas distancias ni por separado. Y si encima tenemos en cuenta que mi última prueba de triatlón fue un sprint que casi no acabo de las fatigas que me dieron, creo que apuntarme fue una osadía.

Después de eso, comencé a hablarlo con mi familia, mi novia y todos me decían: “Tú estás colgao! ¿que has pagado 400€ para sufrir?”, ante esa pregunta, que probablemente me hicieron los amigos unas 3.000.000 de veces a lo largo de los meses de entrenamiento, yo solo tenía una respuesta posible: “Esto tiene que ser una experiencia inolvidable, y eso no tiene precio”.

A partir de aquí empecé a hablar con mis compañeros de batalla sobre la preparación de esta prueba. Pero todo estaba bien atado: “píllate un libro por Internet y haz los entrenamientos que te diga”. Uff! qué alivio!, voy a seguir un planning de 6-7 de  meses de un libro de entrenamiento para el acabar el ironman, me encanta lo profesional que somos. He aquí algo que aún nos da más valor a lo que posteriormente conseguimos, ya que aunque todos tuvimos mucho apoyo para entrenar (amigos, familia, compañeros, etc.), el 90% de los entrenos los hacíamos por nuestra propia voluntad, haciendo caso a lo que marcaba un libro como si fuera nuestra biblia. Esas letras que contiene ese libro, nos guiaron en el tiempo durante 6 meses de dudas. Porque, a excepción de Javi, el resto éramos novatos en esto, y mil y una dudas se me pasaban por la cabeza, sobre si estábamos haciendo lo correcto.

Así empezamos allá por octubre de 2.009 con nuestro planning. Cada semana teníamos que nadar (lunes y miércoles), transición (martes y domingo), carrera (jueves y sábado), además de dos días de gimnasio. El tiempo y la intensidad de cada entrenamiento irían en aumento con el objetivo de llegar como toros a Mayo de 2.010.

Bueno, lo anteriormente descrito era la teoría, lo recomendable porque sinceramente, dudo mucho que alguna semana completara todos los entrenamientos. Quizás nos faltaba disciplina, pero nos sobraba alegría y ganas de hacer esto por pura superación personal, no teníamos que demostrar nada a nadie, solo a nosotros mismos. Quizás esa era nuestra única motivación y por supuesto, el saber que, si no llegábamos en forma, el Lanzarote la íbamos a palmar!

Así se iban sucediendo las semanas. Personalmente, mi experiencia en triatlón se reducía a solo un año de participación en pruebas sprint; esto era un salto abismal y me preocupaba cómo respondería mi cuerpo, sobretodo mi rodilla derecha, después de que unos años atrás me la destrozara jugando al fútbol.

Creo que es importantísimo destacar el apoyo recibido por las personas mas cercanas a nosotros, su interés y sus energías fueron vitales para afrontar cada semana de entrenamientos lo mejor posible. Sobretodo las comidas de bola que me tuvo que aguantar mi novia, que si lo que entreno, los progresos, bicicletas, técnicas, tácticas, en fin, un bombardeo constante de información, que buenamente soportaba.

Antes de finalizar el año, el grupo se llevo una muy mala noticia: unos de los aventureros puso fin a su primer intento de ironmanizarse, pero de sobra está decir que Isidro siempre estuvo presente en esta locura y parte del éxito también le corresponde a él. Espero que algún pueda yo sacarle fotos y animarlo a que cruce la meta de Puerto del Carmen.

Entrábamos en el año 2.010, los entrenamientos iban cogiendo un gran volumen, nadábamos, corríamos e íbamos en bici más que en toda mi vida junta, empezaba a notar mejoría en todas las disciplinas, sobre todo en la carrera, ya que a mediados de Enero, disputamos el I Maratón de Las Palmas de Gran Canaria y habíamos trabajado bastante la carrera para que todos pudiésemos acabarla, aunque la verdad es que acabamos bastante fundidos. Después de ese día, empezamos a trabajar más la bicicleta, intentado hacer dos salidas semanales y ver si empezábamos a hacer etapas de más de 100 kms seguidos, todo una proeza para un grupo de gente que consideraba que ir de Gáldar a Moya era hacer un etapón.

Aquí es cuando tengo que agradecer a mi hermano, todos los fines de semana que dedicó a hacer estas salidas conmigo. Creo que solo se pueden sacar cosas positivas de ello: conocer la isla montados en bicicleta, llegar a sitios que ni en coche habíamos visitado, ponernos en forma y sobretodo ser mejores hermanos. Gracias bro. En el blog del MDM Team, se relatan algunas de esas salidas, donde tantas anécdotas pasamos, empezando por el nombre del blog (equipo Maricones De Mierda), qué grande.

Seguimos avanzando en el tiempo y cuando llega marzo, Sera y Tavo participan en el doble olímpico de Arinaga, una buena piedra de toque para ver el estado de forma en el que estaban. Todo salió muy bien, con un Sera que lo dio todo para que su pareja deportiva no pudiera pasarlo en la maratón y así ahorrarse algunas coñas. Pero lo importante es que iban bien preparados. Yo por mi parte, no competí en esta prueba por lo de siempre, se me fue el baifo con los tiempos de inscripción, pero me dejó tranquilo que mis compis de fatiga habían sorteado esa prueba sin mayores problemas.

Llegábamos al temido abril, ya que en este mes teníamos los entrenamientos más duros y largos, tales como vuelta a la isla en bici o carreras continuas de más de 2 horas. Personalmente afronté todas esas pruebas con mucha ilusión, cada entrenamiento era algo nuevo para mí, nuevas sensaciones, nuevas incógnitas sobre mi rendimiento, pero que a posterior, fueron definitivas pasa conocerme mejor, entender cómo rindo mejor, cuándo y cuánto comer y beber en cada entrenamiento, ritmos de competición, saber cuándo disminuir el ritmo. Todos estos entrenamientos, aunque sean muy duros, son imprescindibles para poder afrontar con ciertas garantías el ironman.

Otro aspecto que tengo que resaltar es de lo material. Debido a mi poca experiencia en el triatlón, este desafío me cogió con muy poco material deportivo específico para estas pruebas. De hecho sólo contaba con una bici de la época de Perico Delgado, unas playeras de correr y un neopreno prestado (gracias Iral). Poco a poco me fui haciendo el amo de Ebay, y a poco que tenía unos euros extras los iba empleando en cachivaches; joder, es que los demás tenían de todo y yo no. Así fui adquiriendo una bici nueva (desde Lanzarote 1.500€), acople (New Jersey 100€), pedales decathlon (24€) bolsito barritas (Hong Kong 2€), bebedor (burbujita 14€), sillín triatlón (California 35€), botelleros traseros (Nueva York 14€), Garmin 310xt (Francis, 250€), kit quitar rápido el Garmin (no me acuerdo, 20€, pero si me acuerdo que en zona boxes me lo querían vender por 80€), y así más zapatillas, ropas….vamos al final un pastón y eBay que lo dejé vacío!

Hecho este inciso, nos plantamos en Mayo, sí señor, con dos cojones y una cagalera que me entraba cada vez que contaba los días restantes para el 22M. Las últimas semanas de entrenamiento eran de asimilación de volumen y para tener al 100% el material deportivo, tácticas de carrera, alimentación, recorridos del ironman, estancia, vuelos, y ver videos motivacionales, como el que puso el mister en Facebook, donde solo se veía gente en el ironman que la palmaba, que se daban hostias, pasándolo realmente mal, supermotivante!

A todo esto, llegó la semana de la competición, no me lo podía creer, ese sábado estaría por fin participando en el ironman Lanzarote: quién me iba a decir a mí, que me atrevería con algo así. A partir de este punto voy a contar con más detalle la semana de la competición:

Desde el miércoles comenzó nuestro viaje para la isla volcánica. Por mi parte fue muy estresante preparar todo el material (una lista de unas 40 cosas que no podía dejar atrás) a la vez que intentaba dejar el trabajo profesional acabado para poder centrarme sólo en la carrera. A mi hermano, que como ya he dicho, siempre ha estado dispuesto a ayudarme en todo lo posible, le tenía encomendada una nueva misión: pasarse por decathlon y pillarme una caja de cartón para transportar la bici. Realmente creo que me entendió mal y pensó que lo que iba dentro de la caja era el avión de Binter, porque vaya lata nos dio la caja debida a sus inmensas dimensiones. Pensábamos que si el avión se caía sobre el Atlántico podríamos usar la caja como barco! Tal follón fue el que tuvimos, que al llegar a Lanza, entre Tavo y yo la tuneamos para que la vuelta no tuviésemos los mismos problemas (pobres ingenuos). Además antes de partir desde Gando, Tavo también tuvo problemas en la aduana con las botellas de aire comprimido y su fusil para matar triatletas. Llegamos a Lanzarote, conocimos a unos “chicos de 45 años” catalanes que también venían a competir, y empezábamos a respirar Ironman por todos lados. De nuevo follón para pillar taxi, debido a la cajita del niño…, pero conseguimos llegar a Puerto del Carmen, no sin antes dar una propina a los taxistas de 5€ por cada bici, es que somos tan generosos, jeje.

Los 4 jinetes, ya estaban en la zona 0, ahora había que comer algo sano para reponer las energías gastadas con tanto viaje, y para ello nada mejor que un McDonalds. Javier decía que el sábado íbamos a necesitar todas las calorías del mundo, así que nos pusimos manos a la obra desde el primer minuto. Seguidamente, vuelta por los alrededores y rápidamente al apartamento a montar las bicis y quedarnos con la tranquilidad de que todo el material está en orden.

Tengo que aclarar que en los apartamentos nos quedábamos Javi y yo por un lado y el matrimonio por el otro. Por ello es que a partir de ahora Javi centre más mi atención. Y es que el ironman finisher 2.009, resulta ser un paquete montando la bicicleta, dios, mi frase para él era: “Con mi bicicleta me acuesto, con mi bicicleta me levanto, con la virgen maría y el espíritu santo”. Juraría que subió y bajó el sillín más de 50 veces y eso que tenía todas las medidas apuntadas en una chuleta. Y si a todo esto, siempre me lo encontraba con la cuca al aire: “Javi, no me jodas, tú lo que querías es acabar conmigo!!” Jejeje, crack!

Primera cena, en el restaurante de nuestro amigo Manolo, Antonio o era Pepe?… da igual, el caso es que nos ponían comida como para un regimiento, y claro, había que comer porque Javi nos lo decía. Cada desayuno, almuerzo o cena, se convertía en un festín de ensaladas, pastas, carnes, pescados, vamos, que comimos casi como en casa.

A la noche muy cansados y no demasiado tarde nos fuimos a la cama, aunque en mi caso fue al sofá, porque creo que en mi habitación se coló un oso roncador y se puso en la cama de Javi. El muy cabrón seguía destruyéndome.

Amanece el jueves, nos despertamos pronto, paseíto por la playa y nos vamos a dar una vuelta en bicicleta para probar que todo está mejor que bien. A este paseo se nos unió el amigo Sergio, también finisher 2.009 y con quien compartimos algún que otro entrenamiento en bici. Hicimos una ruta de 1 hora y media aproximadamente y recuerdo que en mi caso las sensaciones fueron inmejorables: sentía unas ganas locas de que llegara el sábado. Después de la bici algo de playa, almuerzo y fuimos al aeropuerto a recoger nuestro coche de alquiler parar ir a La Santa Sport a por nuestros dorsales y a por la bici que nos iba a tocar en la rifa. Mencionar que en el rentacar del aeropuerto tuvimos un pequeño encuentro con un fantasmilla, que luego resultó ser un pro…pringaaaaao!

En La Santa empezamos a ver lo que es el ironman, titanes noreuropeos por todos lados, con unos gemelos que eran más grandes que mi espalda, pero bueno, nos consolábamos diciendo que esos en la maratón lo petan, jejeje. A todo esto cuando fui a recoger mi dorsal, a la chica le pedí el nº2 (el del amigo Eneko y a la postre ganador), pero sin entender cómo, la chica se dio cuenta que yo no era Eneko.

En fin, todos cogimos el material sin mayores problemas, fuimos a la expo, vimos bicis del siglo XXII y participamos en el desfile de las naciones, bajo la bandera de Gran Canaria, todo un orgullo para la isla sin duda. Luego charla técnica y rifa de la bici que no nos tocó, otro año será.

De vuelta a Puerto del Carmen, cubrimos parte del recorrido, lo que personalmente me ayudó muchísimo, porque entendí que el tramo en bici a partir del km 155 iba a ser cuesta abajo. En casita lo de siempre, vueltita por los alrededores, cenita galáctica, amago de irnos de fiesta Sera y yo, y a la cama.

Amanece el viernes 21, no soy capaz de quedarme más allá de las 9 de la mañana en mi super cama-sofá claro… desde que me levanto me siento raro, una ansiedad me recorre el cuerpo, y empezamos a hacernos la preguntita del día: “Javi, ¿mañana a esta hora por dónde iremos?”, a lo que Tavo siempre contestaba, “Dejen ya de hablar de eso, joder”.

Creo que todos intentábamos estar lo mas tranquilos posibles dentro de lo que cabe, pero algo nos comía la cabeza, lo que estábamos a punto de hacer. ¿Cuántos meses de entrenamientos?, ¿cuántos esfuerzos?, ¿saldrá mañana bien?, ¿estaré preparado? Y lo más importante ¿habrá merecido la pena?

Ese día, después del almuerzo, teníamos que dejar en los boxes las bicis, el material de la bici y el de correr. Nos dieron unas bolsas específicas para separar el material de cada prueba y no nos podíamos equivocar en nada, así que tras revisarlo todo una y otra vez, nos fuimos para allá. La imagen eran dantesca, un box kilométrico, lleno de bicis impresionantes. Allí estaban todos los triatletas por fin, venidos de todas partes del mundo, de todas las edades, hombres y mujeres, profesionales y aficionados que mañana serán o intentarán ser de hierro, de cumplir sus objetivos.

Todo bien, todo preparado, la suerte está echada y empiezan a llegar nuestro apoyo humano desde Gran Canaria, amigos y familia, que no querían perderse la que quizás para alguno de nosotros sea la cita deportiva más importante de nuestras vidas. Todos ellos sabían lo importante que era para nosotros, y aun así, de sus bocas solo salían palabras de calma, mañana a disfrutar decían. Y a mí en particular, “Ayo, relájate con la bici que eso es largo”.

Por la noche, los nervios ya eran más que palpables, la cena apenas nos entraba y eso que entre todos habíamos creado un clima muy relajado, pero aun así, era imposible dejar de pensar en lo que se nos venía encima en unas pocas horas.

En mi caso obligado por mí mismo, me fui pronto a la cama. Por supuesto, no podía ni dormir. Esa noche dormí en la cama (¡¡sí, sí, en la cama!!), porque ese día Javi durmió con su gran novia en otro apartamento y a mí Isidro, propio de su talante, me cedió la habitación entera para que nada me molestase ni lo más mínimo. No sé a qué hora me quedaría dormido, sólo recuerdo que intentaba no pensar en nada y en relajarme, pero me resultaba muy difícil; aún así en algún momento debí quedarme dormido, porque cuando sonó el despertador a las 5 de la mañana desperté.

Llegó el sábado 22 de Mayo de 2.010, una fecha que teníamos marcada en el calendario desde hacía ya muchos meses: el día X, como ustedes lo quieran llamar. Mi despertador sonó como campanas de guerra. Sólo me decía, Ayo es tu día, disfrútalo y así conseguía relajarme un poco. Me visto, voy a desayunar con los vecinos, que por suerte o por desgracia estaban tan tensos como yo, preparamos la comida del día (barrritas, geles, sales, bebidas energéticas, avituallamiento especial, etc.) y nos vamos a los boxes.

Isidro, desde el primer momento estuvo con nosotros haciendo un reportaje gráfico increíble y gracias al cual siempre tendremos imágenes de este día. Gracias en nombre de todos.

Cuando llegamos a los boxes, los ojos se me iban a disparar, un ambientazo a las 6 de la mañana imposible de imaginar. Cientos de triatletas que cuidaban al máximo cualquier detalle, yo intentaba centrarme en lo mío, dar aire suficiente a las ruedas, colocar la comida y demás, pero me resultaba imposible dejar de empaparme de todo lo que me rodeaba. Creo que desde el primer minuto me tomé la prueba de esa manera, no como una competición, sino como una experiencia de la cual me quería llevar todos los recuerdos posibles, porque no se si algún día se repetirá.

Cada uno se preparaba a su manera, algunos llevaban el neopreno puesto desde el apartamento, otros se bañaban en vaselina, otros no sabía ni qué estaban haciendo,  cada uno con sus historias, pero todos concientes de lo que nos esperaba en las próximas 9 o 17 horas.

Antes de las 7 de la mañana, ya estábamos todos preparados bajo los arcos de salida, neoprenos, gorros, y gafas, que cubrían seres que eran un manojo de nervios, algunas fotos de última hora, abrazos deseándonos lo mejor y cada uno a ocupar su sitio en el momento de la salida. El Triamagro team, por decisión unánime decidió hacer una salida tranquila, entrando en el agua entre los 100-200 últimos quizás.

Las sensaciones eran muy raras después de tanto tiempo: ahí estábamos por fin, entregados a esta prueba y lo más importante, intentado no morir ahogados al paso de la primera boya. En mi caso, estaba estrenando gafas nuevas, lo cual considero que fue un gran acierto, porque gracias a la gran visibilidad que tenía, pude tener siempre bien controlada a la gente que me rodeaba y me facilitó la tarea. Algo que me llamó la atención es que no tardé mucho en empezar a ver los primero gorros, gafas y chips hundiéndose en el atlántico, sin ganas de luchar, además de algunos buzos sacando fotos. El ver esas imágenes me ayudaba a no volverme loco en la natación, manteniendo siempre un ritmo constante en el que fuera cómodo y sobretodo intentando evitar las pelotoneras, que es donde más riesgos había de sufrir algún contratiempo indeseado.

Casi sin darme cuenta ya estábamos acabando la primera vuelta y el tiempo que hice me motivó muchísimo, 32 min, además de ver tanta gente esperando en la orilla del mar y sacando fotos; si los de atrás no me empujasen tanto, me hubiera parado a posar un rato. Bueno, otra vez al agua, otra vez pelotoneras en los giros, me aprovecho algunos buenos nadadores para hacer algo de drafting acuático y enfilo la última boya, contentísimo porque no había tragado nada de agua y me sentía genial de fuerzas. Cuando vi el tiempo ni me lo creía: 1h 3min, muchísimo mejor de lo esperado. Puedo correr sin problemas hasta la zona de transición, mientras me voy quitando el neopreno. Hay que decir que estas transiciones son un poco caóticas, por la cantidad de gente, las prisas y todo el material que hay que ponerse para ir en la bici. Bueno, me cambio, no me dejo nada atrás y salgo pitando a por la bici y cual sería mi sorpresa, que allí estaba Fran esperándome recién llegado de Gran Canaria. Qué alegría verlo! Además yo estaba eufórico por haber salido vivo y al 100% del agua. Pillo la bici, poso para alguna foto y a darle leña a las patas, que tanto reservé durante la nadada.

En la bici lo primero que hago es tomarme una barrita, mientras los guiris patudos empezaban a adelantarme como auténticos reactores. Solo pensaba, pero a dónde van así? En fin, yo a lo mío, comer, beber y dar pedales. Durante los primeros kilómetros no me noté del todo cómodo, la ropa no me la ajuste bien, incluso llegué a tener ganas de parar y regular la posición del sillín. Sin embargo, poco a poco me fui sintiendo más cómodo, aunque eso sí, seguían adelantándome patudos sin tino. Me preguntaba cómo le iría a mis compañeros, imaginaba que yo iba por delante, pero estaba deseando tener noticias de ellos. En el cruce de Yaiza me encuentro con los primeros pros, que ya venían de vuelta del Golfo; qué pasada, cómo iban los cabrones. Yo me estaba dedicando a dar pedales tranquilos y lo de siempre, fijarme en todo lo que me rodea: ciclistas, bicis, coches, flechas ironman, puntos kilométricos, topónimos, animadores y sobretodo, sobretodo, el paisaje de Lanzarote, impresionante.

Pasé por Yaiza, llegué al Golfo y cuando me encuentro la recta de Timanfaya solo tenía ganas de parar y tomarme alguna foto. En ese tramo aproveché para adelantar a muchos ciclistas, porque el terreno pica algo hacia arriba, y claro, ahí esas patorras no rinden igual. La zona de Timanfaya es preciosa, pero se hace durilla; además, estaba empezando a tener algunos retortijones y quería llegar a Famara para descargar lastre. Al paso por Tinajo, recordé que mi abuelo paterno procedía de allí, y que en mi dorsal no ponía Ayoze, sino Machín, un apellido muy común en esta isla y creo que por ello recibí tantísimos ánimos allá por donde iba.

Después de Tinajo descanso hasta La Santa Sport, aproveché para relajar músculos, estirar, comer, comer, comer, beber, beber, beber. Después de La Santa venía la subida de Soo, la cual conocía de hacerla un año antes en el Vulcano, y qué rico es subirla sin viento en contra. Bajadita hasta la Santa y a cagar!! Oh, sí, qué rico!

Ahora con un kilo o dos menos, iba a volar camino de Teguise, jejeje, bueno, mi ritmo más o menos siempre fue el mismo, no hacía caso ni a tiempos, ni velocidades ni medias, solo a lo que marcaba mi corazón y nunca procuré estresarlo más de lo normal. En Teguise me encuentro las primeras cara conocidas del día, la familia de Tavo, por fin! Porque a cada rato me preguntaba, que donde estarían nuestros suporters. Y poco después me encontré con el resto de la afición triamagrense. Poco antes de eso, le comenté a un triatleta conocido, que había aprovechado que fui a cagar para adelantarme, y creo que no le hizo mucha gracia. En la subida hacia el mirador de Haría, pasé mi momento crítico de la jornada: esa subida se me atragantó más de lo normal y me costaba mover el 39-23. Sinceramente me acojoné bastante pensando que a partir de ahí mi día iba a ser un suplicio y que me había excedido derrochando energías. Al coronar ese puertazo especial del Tour de Francia, aproveché el avituallamiento especial para reponer energías y ver como un guiri se partía la crisma. Hice la bajada sin apenas pedalear, estaba pensando en cómo iba a afrontar la subida del Mirador del Río, pero cuál fue mi sorpresa que las energías volvieron a mí, y empecé a ascender el puerto con bastante cadencia en mis piernas y adelantando a bastantes corredores. Desde ese momento la sonrisa volvió a mi cara y ya nada ni nadie volvió a borrarla en todo el día. Estábamos por el kilómetro 110 ya de carrera creo yo y tocaba descender hacia Arrieta, allí volví a ver a los suporters, qué bien me sentaban sus ánimos, al mismo tiempo que seguía sintiéndome genial de fuerzas y era capaz de mantener un buen ritmo.

Sabía que en el km 155 acababa la bici, porque desde ahí hasta el final era en bajada, así que cuando pasé de nuevo por Teguise y llegué a Yes, donde tuve que parar para colocar la cadena, sabía que lo más duro había pasado. Iban tan emocionado que no podía parar de cantar y silbar sobre la bicicleta.

Desde ahí hasta Puerto del Carmen fue todo cocer y cantar, adelanté a par de ciclistas más, pero lo más importante es que me sentía con muchas fuerzas para afrontar la maratón. Evidentemente ahí está el resultado de comer y beber bien. Y de los papeazos previos a la carrera.

Llegada a Puerto del Carmen, voy tan bien en la bici, que le digo a un policía motorizado para echar una carrera: su cara lo decía todo, “Niño, deja el EPO!”. Allí estaba la afición dando muchos ánimos, y llegó el momento de soltar la bici, ponerte en pelotas delante de las Green Team para cambiarte de ropa y echarte a correr. Al principio de la maratón estaban Fran e Isidro, para darme ánimos y redbull. Empiezo a correr y las sensaciones son fantásticas, había energías todavía, y la única pega que tenía era la picazón que tenían en el ojo derecho y que durante todo el día me tuvo fastidiado.

Para hacer la maratón lo tenía claro, correr a un ritmo cómodo durante 15 min y luego bajarlo durante 3 – 4 min. Así lo hice, lo que en vez de bajar el ritmo, directamente me paraba todos los avituallamientos, para hidratarme, refrescarme, coger geles y poco más. Me veía bastante bien corriendo, en ningún momento tenía la sensación de no poder seguir, yo diría que todo lo contrario, estaba disfrutando y mi cuerpo estaba respondiendo mil veces mejor de lo que hubiese soñado. En el kilómetro 12 o 13 me adelanta el amigo Tavo, primeras noticias que tengo de alguien del equipo y no pueden ser mejores: Tavo va como una moto! Ni me molesto en intentar seguirlo, aquí cada uno sabe dónde tiene que estar. Más adelante me cruzo con Serafín, nos sonreímos, todo va sobre ruedas, ya estamos en la maratón y nadie nos va a quitar el sueño de acabarlo. Solo faltaba que Javi diera señales. Iban pasando las horas, nos comíamos los kilómetros, ver a mis compañeros, a los amigos, a los triatletas me daba ánimo, seguía disfrutando.

En la última vuelta, por fin veo a Javi: “Ese cabrón lo va a volver a hacer”, pensaba yo. La jornada estaba empezando a ser redonda y eso me animaba aún más, al tiempo que empezaba a adelantar corredores con las fuerzas mermadas después de 12 horas de esfuerzo. Cuando quedaban 6 kms para meta, ya ni paraba en los avituallamientos, las piernas me iban solas directas a la meta: estaba deseando ver a mis amigos, a mi hermano, al puto Kenneth dándome la mano!, jejeje. Que sentimiento tan contradictorio, ahí estaba deseando que acabara a la vez que no quería que acabara nunca. Ya sabía que Tavo había entrado, que Sera venía detrás de mí y que Javi iba a luchar hasta el último segundo para lograr su 2º ironman. Era mi momento, 12h y 21m, no le podía creer! Tenía dos pulseras en la mano, roja y amarilla del ironman de España, de Lanzarote, que me decían que esto se acabó.

Entré en meta, muchas fotos, no sabía ni dónde ir, hasta que me encontré con Fran, que me acompañó hasta el final. En la sala de masajes me encontré con Sera, que estaba pletórico y al igual que Tavo, a quien vi ya en la avenida, muy relajado.

A todo esto, Javi seguía corriendo, venía muy justo de tiempo e iba a tener que luchar mucho para conseguir entrar antes de las 12 de la noche. La cara de Ángela lo decía todo. Pero el mejor de los finales iba a ocurrir, cuando ya no quedaba tiempo, ni esperanza, aparece Javier, siendo protegido por un coche de la organización, quedaban 3 min y lo único pude hacer es ponerme a correr a su par, para ayudarle a conseguir su objetivo; Javi venía muerto, llevaba casi 17 horas de esfuerzo, pero lo consiguió. Entró a meta siendo ovacionado como el campeón, el cual estaba en la meta y cuando fue a saludar a Javi, éste no lo reconoció y fue un momento muy gracioso.

Un final apoteósico para un día, 1 semana, 6 meses ¡inolvidables!

Pd: de vuelta a Gran Canaria, nueva tocada de huevos con la puta caja y las bombitas de aire comprimido. Si ejj que, semos el triamagro amigo!!!

4 comentarios to “IronMan Lanzarote 2010”

  1. lea said

    AYOOOOOOO, que bonito!!! estoy en la oficina y he tenido que disimular porque se me salían las lágrimas!! que experiencia y que recompensa!!! de nuevo MUCHÍSIMAS FELICIDADES!! Estoy segura de que volverás a realizar la prueba otro año!!!

  2. Isidro said

    Que bueno Ayo, me ha encantado además me he reído un buen rato, como siempre le has puesto tu nota de humor. Me ha gustado que has anotado cosas que con la memoria quizás se puedan olvidar pero siempre las tendrás ahí para poder releerlas una y otra vez. Que vuelvo a decirte FELICIDADES. Eres un champion.

  3. Iral said

    Que currada de post y la carrera increíble. Es imposible no emocionarse viéndote entrar en meta. Que pasada !!! Espero que se repitan muchos días como este o parecidos donde el deporte sea el protagonista. Que los salvemos con salud y que yo los vea. Que no me los quiero perder. Gran labor la del equipo de apoyo. Felicidades MdM

  4. […] Tu día más ocupado del año fue el 2 de junio con 72 visitas. La entrada más popular de ese día fue IronMan Lanzarote 2010. […]

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