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Todo suma y nada… resta

Los números de 2010

Posted by fjmachin en 2 enero 2011

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

Imagen destacada

Un Boeing 747-400 transporta hasta 416 pasajeros. Este blog fue visto cerca de 1,400 veces en 2010. Eso son alrededor de 3 Boeings 747-400.

 

En 2010, publicaste 10 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 24 entradas. Subiste 43 imágenes, ocupando un total de 34mb. Eso son alrededor de 4 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 2 de junio con 72 visitas. La entrada más popular de ese día fue IronMan Lanzarote 2010.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran facebook.com, mail.live.com, blogger.com, strands.com y search.conduit.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por san silvestre las palmas 2010, pico de las nieves altimetria, pozo de las nieves, mdmt wordpress y san silvestre las palmas.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

IronMan Lanzarote 2010 junio, 2010
3 comentários

2

8ª Escalada Agüimes-Pico de Las Nieves diciembre, 2009
5 comentários

3

VIII San Silvestre benéfica de Las Palmas enero, 2010
4 comentários

4

Subida Cuevita 2010 agosto, 2010
15 comentários

5

Debut en triatlón: XIX triatlón de Salinetas agosto, 2010
11 comentários

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Subida Cuevita 2010

Posted by fjmachin en 25 agosto 2010

Como ya comentábamos en alguna entrada anterior, los últimos entrenos estaban orientados a la preparación para la Cicloturista que organiza la Federación Insular de Ciclismo de Gran Canaria Virgen de la Cuevita, con salida en Las Palmas y llegada en Artenara, para homenajear a la patrona de los ciclistas de esta isla. El recorrido de esta prueba aparece aquí y la altimetría es la que se muestra en la siguiente figura:

Altimetría de la Cicloturista Virgen de la Cuevita.

Para describir un poco el recorrido, digamos que se sale del Auditorio Alfredo Krauss en dirección hacia el Norte hasta la rotonda de Bañaderos; ahí se toma el desvío subiendo hacia Cambalud y posteriormente hasta Firgas. En el cementerio de Firgas se hace la primera parada para agrupar al pelotón que se dispersa en esos primeros 22 kilómetros de marcha. La siguiente parada es en el Balcón de Zamora, a casi 1000 metros de altitud, donde hay avituallamiento de agua y fruta, antes de entrar en el tramo duro de la subida. A estas alturas, en el kilómetro 30, ya las fuerzas van justitas, y viene la parte dura, el tramo desde Lanzarote a la Caldera de los Pinos de Gáldar, alcanzando los 1550 metros de altitud tras 42 kilómetros de etapa. A partir de ahí, 7 kilómetros de bajada hasta Artenara, donde tiene lugar el homenaje a la Virgen.

Pues bien, tras esta introducción, llega el gran día al que estábamos citados Fernan, Oli, Yoni, Iralde, Ayoze y Francis. El día empezó tempranito (para Ayo realmente se unió con el día anterior por su viaje de regreso de Málaga) y antes de las 8.30 debíamos retirar el dorsal. A las 8 íbamos saliendo del aeropuerto en dirección Las Palmas, cuando Yoni nos llamó para ver por dónde andábamos y nos dijo que no nos diésemos mucha prisa, que había una cola importante para retirar el dorsal. En el camino hacia Las Palmas, advertimos que en la zona alta de la isla iba a dominar el calor, a pesar de la engañosa panza de burro que había a esas horas en Telde y Las Palmas. Llegamos a Las Palmas sobre las 8.25, montamos las bicis, nos equipamos y vamos a sacar el dorsal. Efectivamente, había una cola de cojones, y estuve esperando como 15 minutos a que me dieran los nuestros. Por cierto, Fernan tuvo que llamar a su casa para que mami le dijera su número de DNI para completar la inscripción, fuerte personaje🙂.

La salida estaba prevista para las 8.45, pero no fue hasta las 9.15 que la organización nos convocó para hacer la foto de familia frente al Auditorio. Algunos minutos después ya estábamos en carretera, comenzando la Cicloturista que debía llevarnos hasta Artenara. Llegamos hasta Bañaderos sin incidentes, tan sólo aplacando la fogosidad de Fernan que se iba con los de delante de manera natural. En todo este tramo el pelotón iba bastante agrupado, a una velocidad media de 20.5 kmh.

Comienza la subida con una pendiente media del 5.5% entre Bañaderos y Firgas, con un tiempo perfecto para salir en bici, muy cubierto y sin prácticamente viento, con el aire muy fresco. Aquí comienza a estirarse el pelotón y tengo la sensación de que el ritmo es algo más alto que el del año anterior. La subida hacia Firgas fue bastante animada, con buen ambiente entre los participantes de la Cicloturista. Nuestro grupo se rompió en esta subida y ya no volvió a estar unido en toda la salida. Llegamos al cementerio de Firgas con una velocidad media entre Bañaderos y Firgas de 13.7 kmh, tras 1 h y 27 min de etapa, y estamos ya a unos 560 metros de altitud. Hacemos una breve parada en la que se sueltan líquidos, se coge resuello, nos enchufamos algún gel o chocolatina y nos disponemos a realizar el siguiente tramo, que nos llevará hasta el Balcón de Zamora.

Hasta el Balcón de Zamora fueron casi 8 km, tras los que alcanzamos la cota de los 920 metros, con lo que tiene una pendiente media del 4.5%, si bien hay un kilómetro con pendiente media por encima del 8%. En esta subida nuestro grupo se vuelve a fragmentar y el pelotón está ya estiradísimo, formándose los característicos grupetos propios de este tipo de etapas de montaña. En este tramo se produce el cambio que ya anticipábamos: sale el sol, radiante, muy fuerte, y el aire se seca, pasando a ser las condiciones ambientales ahora mucho más duras y menos favorables para practicar deporte. Llegamos al Balcón de Zamora tras 29.6 km en 2 horas justas de etapa, haciendo este último tramo a una velocidad media de 15.0 kmh. En este aparcamiento del Mirador la organización ofrece agua, plátanos y manzanas, que gustosos vamos devorando acompañados por geles o lo que fuese. Ya le vamos viendo las orejas al lobo, porque vamos acumulando kilómetros y porque el tiempo lo va haciendo algo más duro.

Esta segunda parada fue de más de 20 minutos, cosa que agradecemos todos para ir recuperando fuerzas. Tras ese tiempo, la organización decide emprender la marcha, hacia el tramo duro que debía llevarnos hasta la Caldera de los Pinos de Gáldar, en el kilómetro 42.3 a 1566 metros de altitud. El desnivel de este tramo es por tanto de 640 metros en 12.7 km, lo que da una pendiente media del 5%; eso sí, el tramo temido es el de Lanzarote-Cueva Corcho, 3 km al 6, 7 y 8% sin un puto árbol que dé algo de sombra. A los pocos metros de arrancar ya nos queda claro que esto va a ser un sálvese-quien-pueda. Fernan se va algo por delante en los primeros kilómetros, yendo Francis e Iralde algo por detrás y los demás cerrando nuestro grupo. Llegamos hasta Lanzarote aguantando un cierto ritmo y según se pasa de Lanzarote se desencadena la tormenta: dureza, mucha dureza y en mi caso pérdida completa de las buenas sensaciones que había tenido hasta el momento. Quito el plato mediano porque ya no podía con él y me voy al pequeño, reservado para las situaciones de “rescate-extrema emergencia” (soy un peliculero :)). Iralde se me va por delante, centímetro a centímetro en cada pedalada y al rato vemos a Fernan sentado en el quitamiedos, cogiendo resuello porque la cosa estaba peliaguda. Al rato me pasa Ayo: “Cómo vas bro!?”; mi respuesta: “Bien”. Ayo iba de pie encima de la bici, pero yo iba tan fundido que no tenía ni fuerzas para levantarme. Seguimos tirando para arriba, deseando llegar a la curva de Cueva Corcho, para quitarme de encima la sensación de ahogo por el puñetero calor. Llego por fin a la curva ansiada y entramos en una zona en la que la vegetación ayuda a tener un poco de alivio, algo más de sombra. El tramo Lanzarote-Curva Corcho lo hice a la escalofriante velocidad de 9.7 kmh. Lo peto. Estamos en el kilómetro 36.2, así que ya “sólo” faltan 6 kilómetros para llegar arriba.

El resto de la subida fue en la misma línea de malas sensaciones, mucho calor, nada de ritmo y sobre todo ganas de llegar, muchas ganas de llegar. Hay un tramito en el kilómetro 37 en el que las pendientes se suavizan mucho aunque luego se endurezcan, y ya en el kilómetro 38.2 hay una bajadita que viene como agua de mayo para coger nuevamente resuello, antes de los 3 km finales. Lo peor es cuando llegas al km 40.5 y ves lo que te queda para llegar arriba: una subida espectacular, que te cuesta trabajo creer que es por donde tienes que pasar para llegar a la Caldera. Leña para arriba, que la cosa se acaba, y llego por fin a la Caldera con un calentón de mucho cuidado, que no podía ni hablar. Ayo me trajo una botella de agua y se llevó mi bici, porque tampoco podía ni con mi alma. Fui a buscar un poco de sombra, que era lo único que quería. El último kilómetro lo hice a nada más y nada menos que a 9.2 kmh, con bastantes tramos en los que no pasaba de 8 kmh, para olvidar. Como dato anecdótico, la velocidad media en el tramo Balcón de Zamora-Caldera de los Pinos de Gáldar fue de 12.7 kmh. La duración total de la subida fue en mi caso de 3 horas y 6 minutos.

Tras un breve descanso, ya pude comenzar a hablar y que los demás pudiesen escucharme. Estuvimos un rato descansando y ahí decidimos que dábamos por concluída la etapa, no bajando a Artenara. Bajar a Artenara habría supuesto tener que subir luego unos 7 km, algo que ya se nos hacía demasiado a todos. La organización se fue con los demás ciclistas y allí nos quedamos sólos Iralde, Ayoze y yo con algún que otro turista, esperando que el resto del equipo diese alguna señal de vida.

Y ahí se produjo uno de los momento del día. Si el año pasado fue Benito quien nos dio tremenda sorpresa, en esta ocasión les tocó el turno a ellos: Jose, Mari Carmen y Gasmi (se escribe así!?) aparecieron en el coche, donde también venía Yoni, que decidió poner pie a tierra en el tramo Lanzarote-Cueva Corcho. Traían el coche cargado de zumo fresquito, donuts, flanes, agua y no sé cuántas cosas más que nos comimos sin pestañear. Ya nos adelantaron que Oli y Fernan estaban al caer.

Nuevamente, pelotón agrupado en la Caldera y un buen rato de descanso antes de comenzar el descenso, descanso que aprovechamos para cambiar impresiones. Decidimos hacerlo por el mismo camino de la ida, tan sólo haciendo una pequeña variante en Cambalud por Arucas, evitando así el tramo de ascensión de Bañaderos al cruce de Arucas. A lo largo de la bajada íbamos parando en los cruces para reagruparnos y para no tener confusiones. Aún así, nos perdimos en Arucas y ya no volvimos a vernos. Haremos lo posible para estar en mejores condiciones el año próximo…

Descansando al fresco en casita después del emboste

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Pelotonazo

Posted by fjmachin en 15 agosto 2010

Ayer, día 14, salimos a dar una vuelta con la mirada puesta en la Subida a Artenara de la próxima semana. Hay una cierta inquetud en buena parte del pelotón acerca de la dureza de la subida, sobre todo del tramo Lanzarote-Pinos de Gáldar, inquietud que motiva al personal a salir a hacer etapas de media montaña curiositas. En este caso salimos por la zona de Telde Iralde, Óliver, Yoni, Francis y la revelación del equipo, Fernan. La idea inicial era salir para el sur, para la zona de Cuatro Puertas-Ingenio, pero hacía demasiado viento que nos hubiese hecho “cagarnos en tó” de vuelta hacia Telde. Decidimos que era mejor salir hacia el norte, hacia la zona de El Sabinal-Bandama.

A eso de las 9.30 se pone en marcha el pelotonazo, en un día muy bueno para la práctica del ciclismo, por la presencia de abundantes nubes; además, en esta zona no hizo tanto daño el viento como con seguridad lo hubiese hecho por el sur. Salimos en dirección El Sabinal, rodando a buen ritmo hasta la zona de Marzagán. Ahí comienza a romperse el grupo, que mantenía una cierta consistencia dado lo abultado de su composición. Nos enfrentamos a las rampas de la zona y llegamos a El Sabinal, donde hacemos un pequeño descanso para coger resuello. Bajamos por la misma subida y tomamos la salida hacia Los Hoyos, una subida con mejor asfalto que la anterior y también algo más corta; de todas formas, en el kilómetro 1 de esta subida nos esperaba un auténtico muro, una rampa de unos 100 metros a más del 15%, que se sorteó como buenamente se pudo🙂.

Óliver, en plena subida de la cuesta de los Lirios.

Ya estamos en la zona de Los Hoyos y uno de los objetivos de la etapa era subir al Pico de Bandama. El único problema era la llamada Cuesta de Los Lirios, una animalada de unos 300 metros con rampas superiores al 22% (según el Garmin). Nuevamente nos enfrentamos a este muro y salieron victoriosos Francis e Iralde. Óliver y Fernan empezaron muy fuertes, tal vez demasiado, y eso les costó no llegar hasta arriba del todo. Yoni emitió varios improperios tan pronto advirtió la magnitud de la hazaña a realizar; tranquilamente, puso pie en tierra y se dio un paseillo torero hasta arriba.

Yoni, culminando la subida a la cuesta de Los Lirios.

Fernan, tras subir la cuesta de los Lirios.

Una vez el pelotón agrupado nuevamente, comenzamos la subida al pico de Bandama. Son casi dos kilómetros, que se hacen más largos de lo que parece inicialmente y que encierran una dureza inesperada, con rampas por encima del 7% en algunos casos. Llegamos arriba todos en buen estado, donde recuperamos y decidimos por dónde hacer la vuelta. Decidimos hacerla por La Atalaya de Santa Brígida, aunque esto nos costaría enfrentarnos a nuevas rampas importantes, sobre todo la que bordea el campo de golf, una nueva subida muy dura con rampas probablemente por encima del 15%.

Ya en La Atalaya, nos queda una buena bajadita por Las Goteras, para luego hacer al subida ligera hacia La Gavia. A partir de este punto, decidimos bajar hacia Telde y dar por concluída la etapa. La bajada fue muy rápida y tuvo un cierto peligro por el viento que azotaba de frente y nos inestabilizaba. Afortunadamente, no pasó nada y llegamos de una pieza de nuevo a Telde.

Francis, estrenando gafas, después de subir la cuesta de los Lirios.

Buena etapa, buenas sensaciones y muchas ganas de que llegue la subida a Artenara.

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Partigazo

Posted by fjmachin en 10 agosto 2010

Seguro que ya saben que me fui para el sur unos días con la familia, a descansar que falta nos hace. La actitud en estos casos suele sar la de jartarse a comer en el buffet del “Todo Incluído” con el desenfreno habitual de este tipo de restaurantes. Pero claro, hay que mantener la línea y eso exige hacer un poquito de deporte.

Antes de ir para Taurito me miré alguna posible ruta que hacer y el viernes tiramos pa’bajo. Ya llegado el sábado, como es costumbre Yone nos pone a todos en pie tempranito en la mañana, en este caso a eso de las 7. Pues nada, me preparo para salir a correr casi en ayunas, pero con ganas, de buen ánimo. Después del calentamiento preceptivo, arranco a correr desde el hotel, primero en cuesta abajo unos 700 metros; luego cojo un camino de tierra unos 500 metros; deshago el camino de tierra y ya voy completando casi un par de kilómetros, con la mirada puesta en llegar a la Playa de Taurito para echar unas series que falta me hacen.

Pues eso, que pensando en una cosa y la otra, no veo un pedazo

Detalle de la mano derecha, la más afectada. Ni de chiquillo chico me hice nunca ese desastre en la mano.

de hoyo que había en el asfalto; meto la pata ahí y sin darme cuenta me veo patinando por el suelo como dos metros. Ostión donde los haya. Casi sin creerme que me había caído, me levanto, me veo las manos echas polvo y ensagrentadas, pero estoy entero y de una pieza. Con algo del dolor propio de estas ocasiones, decido seguir para la playa, corriendo nuevamente a buen ritmo. Y hablando de ritmo, miro para el Garmin y me encuentro lo peor de la caída: le estallé el cristal en tres trozos. Ahora sí me cawenlaputa. Los arañazos y demás se me van a curar, pero lo del Garmin me va a doler aún

Detalle de la mano izquierda. Aunque el lado izquierdo del cuerpo fue el peor parado, esta mano quedó mejor que la otra.

más. En la playa me hice unas series y me metí un poco en el agua a limpiarme. Después de un ratillo, me limpio los pies y otra carrerita hacia el hotel. En total, unos 5 km en unos 28 minutos, buen ritmo para mí.

Ahora, al llegar a casa compruebo que el tema de que se estallen los cristales del Garmin es bastante habitual (en mi caso, además, justificado…). Por lo visto repararlo sale por un buen pico (como 100€) así que creo que me saldrá mejor hablar con algún relojero amigo

Cristal del Garmin reventao... eso sí es dolor.

de la zona, a ver si se puede hacer alguna cosa…

A cuidarse…

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Debut en triatlón: XIX triatlón de Salinetas

Posted by fjmachin en 2 agosto 2010

Envidia sana la que tuve el año pasado viendo competir en la XVIII edición del triatlón de Salinetas a Ayoze e Iralde. Me fue de Salinetas con aquella sensación infantil del tipo “yo también quiero”🙂. Desde entonces, poco a poco fui dedicando los entrenos a combinar la bici, disciplina que había trabajado hasta el momento, con la carrera a pie y con la natación. Ya en el mes de septiembre conseguí plaza en la piscina de Telde en horario poco recomendable, a las 7.45 de la mañana, durante unos escasos 45 minutos y tres días a la semana; unos días técnica, otros días series, lo que fuera con tal de ir progresando en natación. De igual forma, por las tardes me dedicaba a correr alrededor de casa o donde cuadrase, hasta hacer largas salidas, en algunos casos de más de una hora de carrera continua.

Entre tanto buscaba información en Internet o en libros relacionada con triatlón, que me pudiese ayudar a trabajar mejor este (multi)deporte y también compré algo de material del que no disponía hasta el momento. Entre este material destaca el Garmin 310xt, que no ha sido solamente el dispositivo que registra la información del ejercicio que uno hace, sino que acaba siendo un elemento más de motivación para ejercitarse, una vez se combina con el SportTracks.

Septiembre fue un mes en que dediqué mucho tiempo al triatlón, 27 horas (366 km; 10 km de natación, 80 de rodillo, 210 de ciclismo en carretera y 66 carrera continua), siendo octubre el de mayor dedicación con 30 horas (fundamentalmente ciclismo, con 544 km). Los meses de noviembre a febrero fueron bastante más moderados, con unas 19-20 horas al mes de ejercicio combinado. En diciembre ya participé en la San Silvestre de Las Palmas, corriendo en 38 minutos los 7.5 km de la prueba. Tenía previsto participar en el Medio Maratón de Gran Canaria, pero me lesioné del tendón de Aquiles durante los entrenos, hasta el punto de que casi no podía ni dar un paso… El nacimiento de Yone a principios de abril hizo que prácticamente no hiciese ningún tipo de ejercicio durante marzo y abril, aunque ya en mayo volvimos a la carga, con 5 horas de ejercicio, a las que sumar 10 en junio y 14 en julio. El volumen de estos últimos meses no fue el ideal, pero era el que me permitía mantener un cierto equilibrio entre la vida deportiva y la recién estrenada paternidad. Y lo mejor fue que no tuve molestias del tendón de Aquiles, algo que me preocupó bastante durante un tiempo.

Y llega el XIX Triatlón de Salinetas, el 1 de agosto. Desde febrero no había hecho nada de natación, así que ahí tenía una gran incertidumbre. En la semana del triatlón me fui a nadar el lunes a Melenara un rato (15-20 minutos) y algo parecido hice el miércoles en Salinetas; en ambos casos buenas sensaciones, en tanto que no tuve agujetas ni sentí excesivo cansancio (otra cosa es el ritmo, que evidentemente no iba a tener después de no sé cuántos meses sin nadar). El martes me eché una carrerita alrededor del Parque de San Juan, de 5 km, pretendiendo que fuese suave aunque finalmente me salió uno de los mejores tiempos que he hecho en 5000 m (menos de 28 minutos) sin hacer un esfuerzo excesivo. El jueves fui a reconocer el circuito, para ver la dureza de la subida y si había alguna trazada buena para no coger baches en la zona que está hecha una mierda; di un par de vueltas al circuito y luego me hice una transición de casi 2 km, para ver cómo me comportaba en la carrera a pie en la misma subida; nuevamente, buenas sensaciones y me quedo con la impresión de que en la subida es mejor quitar el plato para buscar cadencia y no ir demasiado trancado, que luego viene la carrera a pie.

El viernes no hice nada de ejercicio y para el sábado dejé trabajar un poco las transiciones. Para las transiciones me escribí en papel lo que tenía que hacer en cada una de ellas, y me quedé un esquema del tipo:

  • T1: QUITAR: gorro, y Garmin. PONER: Garmin en la bici, botas, dorsal y casco.
  • T2: QUITAR: casco y botas. PONER: zapatillas, dorsal pa’trás, gorra y poner el Garmin ya corriendo.

Ya ven, en los dos casos tenía que quitarme dos cosas y ponerme cuatro (fue más tarde cuando me di cuenta de que al salir del agua también tendría que quitarme las gafas…). Lo ensayé en el garaje de casa un par de veces con todos los elementos para asegurar que no se me escapaba nada. Aún me quedaba la incertidumbre de qué hacer con las botas de ciclismo, sin dejarlas en los pedales como los triatletas de verdad (:o) o ponérmelas e ir corriendo con ellas puestas. Al final decidí una fórmula combinada: al arrancar con la bici me las ponía en boxes, mientras que a la llegada a boxes me las quitaba durante la última bajada del recorrido y llegaba a la T2 ya descalzo. Ensayé esto un par de veces con la bici delante de casa y parecía funcionar bien el sistema de soltado de las botas.

En cuanto a la comida, compré un par de geles que Ayo me recomendó que utilizase al final de la bici, de cara a la carrera a pie. Por allí los tuve preparados. Preparé un bidón con sales para tenerlo en la bici y otro para dejarlo en boxes para pegar un par de sorbos en las transiciones. El sábado a mediodía me solté un emboste espectacular de macarrones con atún y ya por la noche un sandwich de vegetales, poderoso, pero de vegetales. A dormir, que llega el día.

7.00 de la mañana y Yone decide que es hora de despertarse y de despertarnos a todos. Pues nada, que así sea (tenía previsto levantarme a las 7.30). Desayuno mi leche con gofio habitual y voy dando los últimos retoques a los preparativos: inflo las ruedas a 7, cojo los bidones, me visto, reviso la mochila y a correr, directo pa Salinetas. Llego tempranito y compruebo que el ventanero que hay en casa también lo hay en Salinetas, casi nada. Me di una vueltita por el circuito con la bici y el viento pegaba una barbaridad en la subida, así que nada, tocará sufrir y ahora sí me queda claro que será mejor que quite el plato. Al rato de estar por allí veo a Isidro, Jose y Julio y nos paramos a charlar un poco de lo que se nos viene encima.

Cuando la organización lo tuvo todo montado, me acerqué para pedirles el gorro de natación (el viernes fui el primero en recoger el dorsal y aún no estaban listos los gorros); así que nada, me dan el gorro y me pintan el numerito, otra vez el primero (ya me quedaba claro que no ganaría el triatlón, porque habrían sido demasiadas veces “el primero”). Al rato pasamos el chequeo de la bici y vamos a colocar las cosas en nuestros sitios. Debía ser como las 9.30 cuando nos fuimos a correr un poco para ir calentando, dando una vueltita por la zona baja del circuito y la subida hasta la primera rotonda… así calentamos y vamos soltando el nervio😉. Al llegar a boxes me encuentro a todo el personal, Yoni, Oli, Iral y Jose, que vinieron a disfrutar del espectáculo y entretanto a animar también: Gracias, chiquillos!

Con bastante retraso, a las 10.15 pasadas, la organización nos pide que nos dirijamos a la playa, que va a dar comienzo la prueba. Dejo la mochila en el guardarropa y de camino me encuentro con Pilar e Yone, que venían también a estrenarse como espectadores de triatlón🙂. Justo en ese punto aparece también Ayoze, que llegaba con el tiempo justo. Seguimos para la playa, donde ya se encontraba buena parte de los participantes. Mojo las gafas, me pongo el gorro y a esperar a que den la salida. Primeros las chicas y al rato los chicos.

Suena el pito y salimos pitando para el agua. Fui caminando todo lo que pude, aprovechando que la marea estaba baja. A nadar, y buenas sensaciones en el primer largo. Hasta que llegué a la primera boya iba en el mismo grupo; después de la primera boya me debí deorientar, porque perdí a todo el mundo. Entre la segunda y la tercera boya zigzagueé bastante, y ahí perdí algo de tiempo y de fuerzas. Llegamos a la segunda boya y ya encaramos la recta final hacia tierra, sin mucho cansancio en los brazos ni hombros. Cuando voy saliendo del agua me doy cuenta de que iba muy atrás, ya casi no quedaban triatletas después de mí, algo que contrastaba con mis sensaciones no-malas durante la natación. Está claro que es la disciplina en la que más se penaliza la falta de técnica. Salgo del agua y como un tiro hacia la zona de boxes, corriendo sobre la arena pesada que me dejó sin resuello; me cansó más correr sobre la arena que el segmento de natación. Y encima tuve que decirle a los jueces como tres veces mi número de dorsal…

Una vez en boxes voy haciendo lo que tenía en el esquema para la T1, y creo que salió todo bien. Y comienza el segmento de ciclismo. En la primera vuelta salgo con el plato mediano por la cuesta y para ir calentando. Buenas sensaciones, poco a poco, y vamos cogiendo ritmo. Me sorprendió la parte del circuito en la zona de Ikea, porque no sabía cómo se resolvía esa zona, pero no tenía ninguna complicación. El problema estaba en el viento en la parte de atrás, que soplaba de frente, muy fuerte, a lo largo de un tramo en ligera subida y con mal asfalto: no se puede pedir más. Poco a poco voy remontando posiciones, buscando alguna rueda amiga para cobijarme del viento, pero no hubo suerte en todo el segmento de ciclismo. Comienza la bajada, donde voy tomando agua para ir hidratando. Llego a la rotonda del comienzo y sorteo bien los dos baches que había en la parte central. Muy animado el público en esta zona (no había nadie en todo el resto del circuito). Las siguientes vueltas fueron en la misma linea, con la subida dura por el viento de frente y haciendo todo lo posible para avanzar en la recta de atrás. Muchos participantes abandonaron en el segmento ciclista por pinchazos, roturas de pedales, de manillares, y a saber qué más, dando cuenta de la dureza del circuito. Una pena que después de tanto entrenar, tener que abandonar por una avería. Al inicio de la cuarta velta coincidí en la rotonda de la salida con los triatletas que iban en primera posición, justo cuando ellos comenzaban el segmento a pie; sin quererlo, pasé rozando al que finalmente fue el ganador de la prueba, aunque confío en que no le molestase demasiado. Y llegamos a la última vuelta. En la zona de Ikea me tomo el gel, bebo bastante agua para ayudar a que se absorba, y enfilamos la última bajada en bici, donde tendría que quitarme las botas. A pesar de la velocidad a la que circulaba, fue una maniobra limpia que me ayudó a que la T2 fuera más eficiente.

Hago el cambio a la carrera a pie y a correr, que esto se acaba. Buenas sensaciones al principio, no tenía los dolores habituales de las piernas contraídas por el segmento de bici, así que la subida fue genial. Llegé a Ikea con un ritmo prometedor de 5.35 min/km. A partir de ahí algo falló, porque en la bajada de atrás no conseguía bajar mi ritmo hasta 4.30 o incluso 4, algo que me parecía alcanzable tras los entrenos últimos. Comenzaron a adelantarme otros triatletas en esta bajada y era incapaz de seguir su ritmo. En la recta de atrás más de lo mismo, muy dura, y ni siquiera tuve buenas sensaciones en la bajada hacia la rotonda de la salida: piernas pesadas, muy pesadas a partir del kilómetro 3. Llego a la zona industrial y el compañero que me acompañó toda la bajada se fue por delante de mí, a un ritmo que no podía seguir. En cualquier caso, vamos directos para meta, y eso era lo que contaba. Estaba a punto de terminar mi primer triatlón.

Justo en la recta de meta me llama la atención una de las jueces, indicándome que me suba la cremallera del mono para tapar el torso. No tenía ni idea de que tuviese que ir con el torso cubierto. Seguimos pa’lante y entramos en meta, con un tiempo de 1h:29:02. Feliz y contento, en tanto que el tiempo que tenía previsto era de 1h:30.

A reponer líquidos, comer algo e intercambiar impresiones, que el triatlón dio para bastante. Mi rendimiento en cada una de las disciplinas, con respecto a lo que hicieron los demás participantes, aparece en la siguiente figura (mis tiempos aparecen marcados por la linea roja):

Ahí se comprueba que tengo mucho que mejorar en todas, especialmente en la natación y en la carrera a pie. Y aún así, debo decir que fue mi mejor carrera a pie sobre una distancia de 5 km.

Debut en triatlón, este deporte que engancha, y ya tengo ganas de que llegue la próxima edición, donde desde ya me propongo el reto de bajar de 1h:20. Pero para eso queda todavía un añito…

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Back to road

Posted by fjmachin en 28 junio 2010

Pues bien, después de una temporada apartados de las carreteras por diferentes motivos (estudios, trabajos, paternidad, accidente, …) vamos volviendo poco a poco a la carretera. Óliver y yo hicimos un par de salidas a finales de mayo y comienzos de junio: el 29 de mayo nos hicimos una salida por la zona de Telde-Ingenio, para ir retomando el contacto con el asfalto, en un día que nos hizo bastante viento. Ya empezamos mal, esperando por el IronMan Finisher 2010, que nos pegó la primera colgada de mayo-junio. Fue una salida aprovechada, si no llega a ser por el viento, por lo tarde que salimos y por el siempre inoportuno pinchazo de Óliver en Piletillas. Por cierto, están ensanchando la carretera en toda esa zona y parece que terminará quedando perfecta para salir por ahí con la bici. La segunda salida que hicimos Óliver y yo fue el 5 de junio, un ratito por el norte, con subida a Arucas incluida tardando más de un cuarto de hora… ya irán volviendo los buenos tiempos.

Tras un par de semanas de nuevos parones, el 26 de junio se produce la tan inesperada como deseada incorporación de Iralde al pelotón. Iralde fue muy puntual, llegó a las 8, aunque la reparación de su bici no le permitió dar su primera pedalada hasta después de las 9.30. Sea como fuese, la salida fue aprovechadita, aunque me tuve que ir antes de lo deseado.

Tan sólo falta que Ayo se anime y vuelva a salir con nosotros🙂, y que Yoni se recupere y recupere su bici. Ayo dice que del sábado que viene no pasa, pero… ya se verá. Por suerte, si España le gana a Portugal, cosa muy improbable, jugaría el sábado, con lo que Ayo ya no tendría la excusa del fútbol🙂.

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IronMan Lanzarote 2010

Posted by fjmachin en 2 junio 2010

Tengo que remontarme a septiembre de 2.009 para recordar el día que decidí participar en el Ironman Lanzarote 2.010. Estaba de fiesta (qué raro en mí) en Artenara, cuando varios amigos me dicen que si no voy a ir al Ironman junto con los demás; yo, muy extrañado, les pregunté que quiénes iban a ir, a lo que ellos contestaron: “Javi, Tavo, Sera e Isi!”; mi cara lo decía todo: “¿Que ÉSOS van al ironman y yo no? Imposible”, pensé. Uno o dos días después ya la decisión se hizo oficial al coger una de las últimas 30 plazas que aún estaban disponibles.

Con toda la ilusión del mundo me había inscrito en una de las pruebas más duras del mundo, el ironman: nadar 3,8 km, ir en bici 180 km y para terminar hacer 42,2 km a pie. Nunca había hecho esas distancias ni por separado. Y si encima tenemos en cuenta que mi última prueba de triatlón fue un sprint que casi no acabo de las fatigas que me dieron, creo que apuntarme fue una osadía.

Después de eso, comencé a hablarlo con mi familia, mi novia y todos me decían: “Tú estás colgao! ¿que has pagado 400€ para sufrir?”, ante esa pregunta, que probablemente me hicieron los amigos unas 3.000.000 de veces a lo largo de los meses de entrenamiento, yo solo tenía una respuesta posible: “Esto tiene que ser una experiencia inolvidable, y eso no tiene precio”.

A partir de aquí empecé a hablar con mis compañeros de batalla sobre la preparación de esta prueba. Pero todo estaba bien atado: “píllate un libro por Internet y haz los entrenamientos que te diga”. Uff! qué alivio!, voy a seguir un planning de 6-7 de  meses de un libro de entrenamiento para el acabar el ironman, me encanta lo profesional que somos. He aquí algo que aún nos da más valor a lo que posteriormente conseguimos, ya que aunque todos tuvimos mucho apoyo para entrenar (amigos, familia, compañeros, etc.), el 90% de los entrenos los hacíamos por nuestra propia voluntad, haciendo caso a lo que marcaba un libro como si fuera nuestra biblia. Esas letras que contiene ese libro, nos guiaron en el tiempo durante 6 meses de dudas. Porque, a excepción de Javi, el resto éramos novatos en esto, y mil y una dudas se me pasaban por la cabeza, sobre si estábamos haciendo lo correcto.

Así empezamos allá por octubre de 2.009 con nuestro planning. Cada semana teníamos que nadar (lunes y miércoles), transición (martes y domingo), carrera (jueves y sábado), además de dos días de gimnasio. El tiempo y la intensidad de cada entrenamiento irían en aumento con el objetivo de llegar como toros a Mayo de 2.010.

Bueno, lo anteriormente descrito era la teoría, lo recomendable porque sinceramente, dudo mucho que alguna semana completara todos los entrenamientos. Quizás nos faltaba disciplina, pero nos sobraba alegría y ganas de hacer esto por pura superación personal, no teníamos que demostrar nada a nadie, solo a nosotros mismos. Quizás esa era nuestra única motivación y por supuesto, el saber que, si no llegábamos en forma, el Lanzarote la íbamos a palmar!

Así se iban sucediendo las semanas. Personalmente, mi experiencia en triatlón se reducía a solo un año de participación en pruebas sprint; esto era un salto abismal y me preocupaba cómo respondería mi cuerpo, sobretodo mi rodilla derecha, después de que unos años atrás me la destrozara jugando al fútbol.

Creo que es importantísimo destacar el apoyo recibido por las personas mas cercanas a nosotros, su interés y sus energías fueron vitales para afrontar cada semana de entrenamientos lo mejor posible. Sobretodo las comidas de bola que me tuvo que aguantar mi novia, que si lo que entreno, los progresos, bicicletas, técnicas, tácticas, en fin, un bombardeo constante de información, que buenamente soportaba.

Antes de finalizar el año, el grupo se llevo una muy mala noticia: unos de los aventureros puso fin a su primer intento de ironmanizarse, pero de sobra está decir que Isidro siempre estuvo presente en esta locura y parte del éxito también le corresponde a él. Espero que algún pueda yo sacarle fotos y animarlo a que cruce la meta de Puerto del Carmen.

Entrábamos en el año 2.010, los entrenamientos iban cogiendo un gran volumen, nadábamos, corríamos e íbamos en bici más que en toda mi vida junta, empezaba a notar mejoría en todas las disciplinas, sobre todo en la carrera, ya que a mediados de Enero, disputamos el I Maratón de Las Palmas de Gran Canaria y habíamos trabajado bastante la carrera para que todos pudiésemos acabarla, aunque la verdad es que acabamos bastante fundidos. Después de ese día, empezamos a trabajar más la bicicleta, intentado hacer dos salidas semanales y ver si empezábamos a hacer etapas de más de 100 kms seguidos, todo una proeza para un grupo de gente que consideraba que ir de Gáldar a Moya era hacer un etapón.

Aquí es cuando tengo que agradecer a mi hermano, todos los fines de semana que dedicó a hacer estas salidas conmigo. Creo que solo se pueden sacar cosas positivas de ello: conocer la isla montados en bicicleta, llegar a sitios que ni en coche habíamos visitado, ponernos en forma y sobretodo ser mejores hermanos. Gracias bro. En el blog del MDM Team, se relatan algunas de esas salidas, donde tantas anécdotas pasamos, empezando por el nombre del blog (equipo Maricones De Mierda), qué grande.

Seguimos avanzando en el tiempo y cuando llega marzo, Sera y Tavo participan en el doble olímpico de Arinaga, una buena piedra de toque para ver el estado de forma en el que estaban. Todo salió muy bien, con un Sera que lo dio todo para que su pareja deportiva no pudiera pasarlo en la maratón y así ahorrarse algunas coñas. Pero lo importante es que iban bien preparados. Yo por mi parte, no competí en esta prueba por lo de siempre, se me fue el baifo con los tiempos de inscripción, pero me dejó tranquilo que mis compis de fatiga habían sorteado esa prueba sin mayores problemas.

Llegábamos al temido abril, ya que en este mes teníamos los entrenamientos más duros y largos, tales como vuelta a la isla en bici o carreras continuas de más de 2 horas. Personalmente afronté todas esas pruebas con mucha ilusión, cada entrenamiento era algo nuevo para mí, nuevas sensaciones, nuevas incógnitas sobre mi rendimiento, pero que a posterior, fueron definitivas pasa conocerme mejor, entender cómo rindo mejor, cuándo y cuánto comer y beber en cada entrenamiento, ritmos de competición, saber cuándo disminuir el ritmo. Todos estos entrenamientos, aunque sean muy duros, son imprescindibles para poder afrontar con ciertas garantías el ironman.

Otro aspecto que tengo que resaltar es de lo material. Debido a mi poca experiencia en el triatlón, este desafío me cogió con muy poco material deportivo específico para estas pruebas. De hecho sólo contaba con una bici de la época de Perico Delgado, unas playeras de correr y un neopreno prestado (gracias Iral). Poco a poco me fui haciendo el amo de Ebay, y a poco que tenía unos euros extras los iba empleando en cachivaches; joder, es que los demás tenían de todo y yo no. Así fui adquiriendo una bici nueva (desde Lanzarote 1.500€), acople (New Jersey 100€), pedales decathlon (24€) bolsito barritas (Hong Kong 2€), bebedor (burbujita 14€), sillín triatlón (California 35€), botelleros traseros (Nueva York 14€), Garmin 310xt (Francis, 250€), kit quitar rápido el Garmin (no me acuerdo, 20€, pero si me acuerdo que en zona boxes me lo querían vender por 80€), y así más zapatillas, ropas….vamos al final un pastón y eBay que lo dejé vacío!

Hecho este inciso, nos plantamos en Mayo, sí señor, con dos cojones y una cagalera que me entraba cada vez que contaba los días restantes para el 22M. Las últimas semanas de entrenamiento eran de asimilación de volumen y para tener al 100% el material deportivo, tácticas de carrera, alimentación, recorridos del ironman, estancia, vuelos, y ver videos motivacionales, como el que puso el mister en Facebook, donde solo se veía gente en el ironman que la palmaba, que se daban hostias, pasándolo realmente mal, supermotivante!

A todo esto, llegó la semana de la competición, no me lo podía creer, ese sábado estaría por fin participando en el ironman Lanzarote: quién me iba a decir a mí, que me atrevería con algo así. A partir de este punto voy a contar con más detalle la semana de la competición:

Desde el miércoles comenzó nuestro viaje para la isla volcánica. Por mi parte fue muy estresante preparar todo el material (una lista de unas 40 cosas que no podía dejar atrás) a la vez que intentaba dejar el trabajo profesional acabado para poder centrarme sólo en la carrera. A mi hermano, que como ya he dicho, siempre ha estado dispuesto a ayudarme en todo lo posible, le tenía encomendada una nueva misión: pasarse por decathlon y pillarme una caja de cartón para transportar la bici. Realmente creo que me entendió mal y pensó que lo que iba dentro de la caja era el avión de Binter, porque vaya lata nos dio la caja debida a sus inmensas dimensiones. Pensábamos que si el avión se caía sobre el Atlántico podríamos usar la caja como barco! Tal follón fue el que tuvimos, que al llegar a Lanza, entre Tavo y yo la tuneamos para que la vuelta no tuviésemos los mismos problemas (pobres ingenuos). Además antes de partir desde Gando, Tavo también tuvo problemas en la aduana con las botellas de aire comprimido y su fusil para matar triatletas. Llegamos a Lanzarote, conocimos a unos “chicos de 45 años” catalanes que también venían a competir, y empezábamos a respirar Ironman por todos lados. De nuevo follón para pillar taxi, debido a la cajita del niño…, pero conseguimos llegar a Puerto del Carmen, no sin antes dar una propina a los taxistas de 5€ por cada bici, es que somos tan generosos, jeje.

Los 4 jinetes, ya estaban en la zona 0, ahora había que comer algo sano para reponer las energías gastadas con tanto viaje, y para ello nada mejor que un McDonalds. Javier decía que el sábado íbamos a necesitar todas las calorías del mundo, así que nos pusimos manos a la obra desde el primer minuto. Seguidamente, vuelta por los alrededores y rápidamente al apartamento a montar las bicis y quedarnos con la tranquilidad de que todo el material está en orden.

Tengo que aclarar que en los apartamentos nos quedábamos Javi y yo por un lado y el matrimonio por el otro. Por ello es que a partir de ahora Javi centre más mi atención. Y es que el ironman finisher 2.009, resulta ser un paquete montando la bicicleta, dios, mi frase para él era: “Con mi bicicleta me acuesto, con mi bicicleta me levanto, con la virgen maría y el espíritu santo”. Juraría que subió y bajó el sillín más de 50 veces y eso que tenía todas las medidas apuntadas en una chuleta. Y si a todo esto, siempre me lo encontraba con la cuca al aire: “Javi, no me jodas, tú lo que querías es acabar conmigo!!” Jejeje, crack!

Primera cena, en el restaurante de nuestro amigo Manolo, Antonio o era Pepe?… da igual, el caso es que nos ponían comida como para un regimiento, y claro, había que comer porque Javi nos lo decía. Cada desayuno, almuerzo o cena, se convertía en un festín de ensaladas, pastas, carnes, pescados, vamos, que comimos casi como en casa.

A la noche muy cansados y no demasiado tarde nos fuimos a la cama, aunque en mi caso fue al sofá, porque creo que en mi habitación se coló un oso roncador y se puso en la cama de Javi. El muy cabrón seguía destruyéndome.

Amanece el jueves, nos despertamos pronto, paseíto por la playa y nos vamos a dar una vuelta en bicicleta para probar que todo está mejor que bien. A este paseo se nos unió el amigo Sergio, también finisher 2.009 y con quien compartimos algún que otro entrenamiento en bici. Hicimos una ruta de 1 hora y media aproximadamente y recuerdo que en mi caso las sensaciones fueron inmejorables: sentía unas ganas locas de que llegara el sábado. Después de la bici algo de playa, almuerzo y fuimos al aeropuerto a recoger nuestro coche de alquiler parar ir a La Santa Sport a por nuestros dorsales y a por la bici que nos iba a tocar en la rifa. Mencionar que en el rentacar del aeropuerto tuvimos un pequeño encuentro con un fantasmilla, que luego resultó ser un pro…pringaaaaao!

En La Santa empezamos a ver lo que es el ironman, titanes noreuropeos por todos lados, con unos gemelos que eran más grandes que mi espalda, pero bueno, nos consolábamos diciendo que esos en la maratón lo petan, jejeje. A todo esto cuando fui a recoger mi dorsal, a la chica le pedí el nº2 (el del amigo Eneko y a la postre ganador), pero sin entender cómo, la chica se dio cuenta que yo no era Eneko.

En fin, todos cogimos el material sin mayores problemas, fuimos a la expo, vimos bicis del siglo XXII y participamos en el desfile de las naciones, bajo la bandera de Gran Canaria, todo un orgullo para la isla sin duda. Luego charla técnica y rifa de la bici que no nos tocó, otro año será.

De vuelta a Puerto del Carmen, cubrimos parte del recorrido, lo que personalmente me ayudó muchísimo, porque entendí que el tramo en bici a partir del km 155 iba a ser cuesta abajo. En casita lo de siempre, vueltita por los alrededores, cenita galáctica, amago de irnos de fiesta Sera y yo, y a la cama.

Amanece el viernes 21, no soy capaz de quedarme más allá de las 9 de la mañana en mi super cama-sofá claro… desde que me levanto me siento raro, una ansiedad me recorre el cuerpo, y empezamos a hacernos la preguntita del día: “Javi, ¿mañana a esta hora por dónde iremos?”, a lo que Tavo siempre contestaba, “Dejen ya de hablar de eso, joder”.

Creo que todos intentábamos estar lo mas tranquilos posibles dentro de lo que cabe, pero algo nos comía la cabeza, lo que estábamos a punto de hacer. ¿Cuántos meses de entrenamientos?, ¿cuántos esfuerzos?, ¿saldrá mañana bien?, ¿estaré preparado? Y lo más importante ¿habrá merecido la pena?

Ese día, después del almuerzo, teníamos que dejar en los boxes las bicis, el material de la bici y el de correr. Nos dieron unas bolsas específicas para separar el material de cada prueba y no nos podíamos equivocar en nada, así que tras revisarlo todo una y otra vez, nos fuimos para allá. La imagen eran dantesca, un box kilométrico, lleno de bicis impresionantes. Allí estaban todos los triatletas por fin, venidos de todas partes del mundo, de todas las edades, hombres y mujeres, profesionales y aficionados que mañana serán o intentarán ser de hierro, de cumplir sus objetivos.

Todo bien, todo preparado, la suerte está echada y empiezan a llegar nuestro apoyo humano desde Gran Canaria, amigos y familia, que no querían perderse la que quizás para alguno de nosotros sea la cita deportiva más importante de nuestras vidas. Todos ellos sabían lo importante que era para nosotros, y aun así, de sus bocas solo salían palabras de calma, mañana a disfrutar decían. Y a mí en particular, “Ayo, relájate con la bici que eso es largo”.

Por la noche, los nervios ya eran más que palpables, la cena apenas nos entraba y eso que entre todos habíamos creado un clima muy relajado, pero aun así, era imposible dejar de pensar en lo que se nos venía encima en unas pocas horas.

En mi caso obligado por mí mismo, me fui pronto a la cama. Por supuesto, no podía ni dormir. Esa noche dormí en la cama (¡¡sí, sí, en la cama!!), porque ese día Javi durmió con su gran novia en otro apartamento y a mí Isidro, propio de su talante, me cedió la habitación entera para que nada me molestase ni lo más mínimo. No sé a qué hora me quedaría dormido, sólo recuerdo que intentaba no pensar en nada y en relajarme, pero me resultaba muy difícil; aún así en algún momento debí quedarme dormido, porque cuando sonó el despertador a las 5 de la mañana desperté.

Llegó el sábado 22 de Mayo de 2.010, una fecha que teníamos marcada en el calendario desde hacía ya muchos meses: el día X, como ustedes lo quieran llamar. Mi despertador sonó como campanas de guerra. Sólo me decía, Ayo es tu día, disfrútalo y así conseguía relajarme un poco. Me visto, voy a desayunar con los vecinos, que por suerte o por desgracia estaban tan tensos como yo, preparamos la comida del día (barrritas, geles, sales, bebidas energéticas, avituallamiento especial, etc.) y nos vamos a los boxes.

Isidro, desde el primer momento estuvo con nosotros haciendo un reportaje gráfico increíble y gracias al cual siempre tendremos imágenes de este día. Gracias en nombre de todos.

Cuando llegamos a los boxes, los ojos se me iban a disparar, un ambientazo a las 6 de la mañana imposible de imaginar. Cientos de triatletas que cuidaban al máximo cualquier detalle, yo intentaba centrarme en lo mío, dar aire suficiente a las ruedas, colocar la comida y demás, pero me resultaba imposible dejar de empaparme de todo lo que me rodeaba. Creo que desde el primer minuto me tomé la prueba de esa manera, no como una competición, sino como una experiencia de la cual me quería llevar todos los recuerdos posibles, porque no se si algún día se repetirá.

Cada uno se preparaba a su manera, algunos llevaban el neopreno puesto desde el apartamento, otros se bañaban en vaselina, otros no sabía ni qué estaban haciendo,  cada uno con sus historias, pero todos concientes de lo que nos esperaba en las próximas 9 o 17 horas.

Antes de las 7 de la mañana, ya estábamos todos preparados bajo los arcos de salida, neoprenos, gorros, y gafas, que cubrían seres que eran un manojo de nervios, algunas fotos de última hora, abrazos deseándonos lo mejor y cada uno a ocupar su sitio en el momento de la salida. El Triamagro team, por decisión unánime decidió hacer una salida tranquila, entrando en el agua entre los 100-200 últimos quizás.

Las sensaciones eran muy raras después de tanto tiempo: ahí estábamos por fin, entregados a esta prueba y lo más importante, intentado no morir ahogados al paso de la primera boya. En mi caso, estaba estrenando gafas nuevas, lo cual considero que fue un gran acierto, porque gracias a la gran visibilidad que tenía, pude tener siempre bien controlada a la gente que me rodeaba y me facilitó la tarea. Algo que me llamó la atención es que no tardé mucho en empezar a ver los primero gorros, gafas y chips hundiéndose en el atlántico, sin ganas de luchar, además de algunos buzos sacando fotos. El ver esas imágenes me ayudaba a no volverme loco en la natación, manteniendo siempre un ritmo constante en el que fuera cómodo y sobretodo intentando evitar las pelotoneras, que es donde más riesgos había de sufrir algún contratiempo indeseado.

Casi sin darme cuenta ya estábamos acabando la primera vuelta y el tiempo que hice me motivó muchísimo, 32 min, además de ver tanta gente esperando en la orilla del mar y sacando fotos; si los de atrás no me empujasen tanto, me hubiera parado a posar un rato. Bueno, otra vez al agua, otra vez pelotoneras en los giros, me aprovecho algunos buenos nadadores para hacer algo de drafting acuático y enfilo la última boya, contentísimo porque no había tragado nada de agua y me sentía genial de fuerzas. Cuando vi el tiempo ni me lo creía: 1h 3min, muchísimo mejor de lo esperado. Puedo correr sin problemas hasta la zona de transición, mientras me voy quitando el neopreno. Hay que decir que estas transiciones son un poco caóticas, por la cantidad de gente, las prisas y todo el material que hay que ponerse para ir en la bici. Bueno, me cambio, no me dejo nada atrás y salgo pitando a por la bici y cual sería mi sorpresa, que allí estaba Fran esperándome recién llegado de Gran Canaria. Qué alegría verlo! Además yo estaba eufórico por haber salido vivo y al 100% del agua. Pillo la bici, poso para alguna foto y a darle leña a las patas, que tanto reservé durante la nadada.

En la bici lo primero que hago es tomarme una barrita, mientras los guiris patudos empezaban a adelantarme como auténticos reactores. Solo pensaba, pero a dónde van así? En fin, yo a lo mío, comer, beber y dar pedales. Durante los primeros kilómetros no me noté del todo cómodo, la ropa no me la ajuste bien, incluso llegué a tener ganas de parar y regular la posición del sillín. Sin embargo, poco a poco me fui sintiendo más cómodo, aunque eso sí, seguían adelantándome patudos sin tino. Me preguntaba cómo le iría a mis compañeros, imaginaba que yo iba por delante, pero estaba deseando tener noticias de ellos. En el cruce de Yaiza me encuentro con los primeros pros, que ya venían de vuelta del Golfo; qué pasada, cómo iban los cabrones. Yo me estaba dedicando a dar pedales tranquilos y lo de siempre, fijarme en todo lo que me rodea: ciclistas, bicis, coches, flechas ironman, puntos kilométricos, topónimos, animadores y sobretodo, sobretodo, el paisaje de Lanzarote, impresionante.

Pasé por Yaiza, llegué al Golfo y cuando me encuentro la recta de Timanfaya solo tenía ganas de parar y tomarme alguna foto. En ese tramo aproveché para adelantar a muchos ciclistas, porque el terreno pica algo hacia arriba, y claro, ahí esas patorras no rinden igual. La zona de Timanfaya es preciosa, pero se hace durilla; además, estaba empezando a tener algunos retortijones y quería llegar a Famara para descargar lastre. Al paso por Tinajo, recordé que mi abuelo paterno procedía de allí, y que en mi dorsal no ponía Ayoze, sino Machín, un apellido muy común en esta isla y creo que por ello recibí tantísimos ánimos allá por donde iba.

Después de Tinajo descanso hasta La Santa Sport, aproveché para relajar músculos, estirar, comer, comer, comer, beber, beber, beber. Después de La Santa venía la subida de Soo, la cual conocía de hacerla un año antes en el Vulcano, y qué rico es subirla sin viento en contra. Bajadita hasta la Santa y a cagar!! Oh, sí, qué rico!

Ahora con un kilo o dos menos, iba a volar camino de Teguise, jejeje, bueno, mi ritmo más o menos siempre fue el mismo, no hacía caso ni a tiempos, ni velocidades ni medias, solo a lo que marcaba mi corazón y nunca procuré estresarlo más de lo normal. En Teguise me encuentro las primeras cara conocidas del día, la familia de Tavo, por fin! Porque a cada rato me preguntaba, que donde estarían nuestros suporters. Y poco después me encontré con el resto de la afición triamagrense. Poco antes de eso, le comenté a un triatleta conocido, que había aprovechado que fui a cagar para adelantarme, y creo que no le hizo mucha gracia. En la subida hacia el mirador de Haría, pasé mi momento crítico de la jornada: esa subida se me atragantó más de lo normal y me costaba mover el 39-23. Sinceramente me acojoné bastante pensando que a partir de ahí mi día iba a ser un suplicio y que me había excedido derrochando energías. Al coronar ese puertazo especial del Tour de Francia, aproveché el avituallamiento especial para reponer energías y ver como un guiri se partía la crisma. Hice la bajada sin apenas pedalear, estaba pensando en cómo iba a afrontar la subida del Mirador del Río, pero cuál fue mi sorpresa que las energías volvieron a mí, y empecé a ascender el puerto con bastante cadencia en mis piernas y adelantando a bastantes corredores. Desde ese momento la sonrisa volvió a mi cara y ya nada ni nadie volvió a borrarla en todo el día. Estábamos por el kilómetro 110 ya de carrera creo yo y tocaba descender hacia Arrieta, allí volví a ver a los suporters, qué bien me sentaban sus ánimos, al mismo tiempo que seguía sintiéndome genial de fuerzas y era capaz de mantener un buen ritmo.

Sabía que en el km 155 acababa la bici, porque desde ahí hasta el final era en bajada, así que cuando pasé de nuevo por Teguise y llegué a Yes, donde tuve que parar para colocar la cadena, sabía que lo más duro había pasado. Iban tan emocionado que no podía parar de cantar y silbar sobre la bicicleta.

Desde ahí hasta Puerto del Carmen fue todo cocer y cantar, adelanté a par de ciclistas más, pero lo más importante es que me sentía con muchas fuerzas para afrontar la maratón. Evidentemente ahí está el resultado de comer y beber bien. Y de los papeazos previos a la carrera.

Llegada a Puerto del Carmen, voy tan bien en la bici, que le digo a un policía motorizado para echar una carrera: su cara lo decía todo, “Niño, deja el EPO!”. Allí estaba la afición dando muchos ánimos, y llegó el momento de soltar la bici, ponerte en pelotas delante de las Green Team para cambiarte de ropa y echarte a correr. Al principio de la maratón estaban Fran e Isidro, para darme ánimos y redbull. Empiezo a correr y las sensaciones son fantásticas, había energías todavía, y la única pega que tenía era la picazón que tenían en el ojo derecho y que durante todo el día me tuvo fastidiado.

Para hacer la maratón lo tenía claro, correr a un ritmo cómodo durante 15 min y luego bajarlo durante 3 – 4 min. Así lo hice, lo que en vez de bajar el ritmo, directamente me paraba todos los avituallamientos, para hidratarme, refrescarme, coger geles y poco más. Me veía bastante bien corriendo, en ningún momento tenía la sensación de no poder seguir, yo diría que todo lo contrario, estaba disfrutando y mi cuerpo estaba respondiendo mil veces mejor de lo que hubiese soñado. En el kilómetro 12 o 13 me adelanta el amigo Tavo, primeras noticias que tengo de alguien del equipo y no pueden ser mejores: Tavo va como una moto! Ni me molesto en intentar seguirlo, aquí cada uno sabe dónde tiene que estar. Más adelante me cruzo con Serafín, nos sonreímos, todo va sobre ruedas, ya estamos en la maratón y nadie nos va a quitar el sueño de acabarlo. Solo faltaba que Javi diera señales. Iban pasando las horas, nos comíamos los kilómetros, ver a mis compañeros, a los amigos, a los triatletas me daba ánimo, seguía disfrutando.

En la última vuelta, por fin veo a Javi: “Ese cabrón lo va a volver a hacer”, pensaba yo. La jornada estaba empezando a ser redonda y eso me animaba aún más, al tiempo que empezaba a adelantar corredores con las fuerzas mermadas después de 12 horas de esfuerzo. Cuando quedaban 6 kms para meta, ya ni paraba en los avituallamientos, las piernas me iban solas directas a la meta: estaba deseando ver a mis amigos, a mi hermano, al puto Kenneth dándome la mano!, jejeje. Que sentimiento tan contradictorio, ahí estaba deseando que acabara a la vez que no quería que acabara nunca. Ya sabía que Tavo había entrado, que Sera venía detrás de mí y que Javi iba a luchar hasta el último segundo para lograr su 2º ironman. Era mi momento, 12h y 21m, no le podía creer! Tenía dos pulseras en la mano, roja y amarilla del ironman de España, de Lanzarote, que me decían que esto se acabó.

Entré en meta, muchas fotos, no sabía ni dónde ir, hasta que me encontré con Fran, que me acompañó hasta el final. En la sala de masajes me encontré con Sera, que estaba pletórico y al igual que Tavo, a quien vi ya en la avenida, muy relajado.

A todo esto, Javi seguía corriendo, venía muy justo de tiempo e iba a tener que luchar mucho para conseguir entrar antes de las 12 de la noche. La cara de Ángela lo decía todo. Pero el mejor de los finales iba a ocurrir, cuando ya no quedaba tiempo, ni esperanza, aparece Javier, siendo protegido por un coche de la organización, quedaban 3 min y lo único pude hacer es ponerme a correr a su par, para ayudarle a conseguir su objetivo; Javi venía muerto, llevaba casi 17 horas de esfuerzo, pero lo consiguió. Entró a meta siendo ovacionado como el campeón, el cual estaba en la meta y cuando fue a saludar a Javi, éste no lo reconoció y fue un momento muy gracioso.

Un final apoteósico para un día, 1 semana, 6 meses ¡inolvidables!

Pd: de vuelta a Gran Canaria, nueva tocada de huevos con la puta caja y las bombitas de aire comprimido. Si ejj que, semos el triamagro amigo!!!

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Cruce de Arinaga-Soria-Ayacata

Posted by fjmachin en 15 febrero 2010

El día que llegamos hasta la presa de Soria nos quedamos con ganas de seguir hacia arriba. Aquel día ya se nos habría hecho demasiado, pero quedamos en que volveríamos. Y así fue. Planificamos la etapa y un par de semanas después de la anterior nos decidimos a hacerla.

Pueden consultar el detalle del recorrido aquí: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=737364. Salimos desde el Cruce de Arinaga en dirección al Barranco de Arguineguín por la carretera vieja, subiendo en dirección a la presa de Soria, para seguir luego hasta Las Niñas. Desde ahí subimos a Ayacata y finalmente bajamos por San Bartolomé y Santa Lucía. El tiempo fue perfecto casi todo el trayecto, fresquito, cubierto de nubes pero sin llegar a llover; el único tramo con sol fue el de Ayacata, donde me pegué un calentón de cuidado.

Francis, con un calentón importante después de terminar el tramo de ascensión dura entre Soria y Las Niñas.

Pues en el tramo hasta el Barranco de Arguineguín rodamos bien, sin apretar demasiado, a una media de 30 kmh en esos primeros 33 km. Los 14 kilómetros siguientes de la subida del Bco. de Arguineguín hasta el inicio de la subida a Soria estuvieron perfectos, y los hicimos a una media de 23 kmh. En ese momento comenzábamos la parte dura de la etapa, donde el pelotón conformado por Ayoze y Francis se rompió en mil pedazos. Primero nos encontramos con unos 5.5 km hasta el Barranquillo Andrés, con una pendiente media del 8%, que hice a una media de 10 kmh.

Un pequeño descanso en el cruce que nos llev

a hacia Las Niñas y comienza la parte dura de la etapa: casi 3 km a una pendiente media del 10%, con carretera estrecha y de bastante mala calidad, aunque suficiente para la práctica del ciclismo. Ya desde las primeras rampas Ayo destacó el parecido con la subida por la Pasadilla, tanto por la calidad del asfalto como por las rampas muy duras que nos íbamos encontrando. Al golpito, poco a poco vamos haciendo metros, en un terreno que recuerda claramente al Alpe d’Huez por la sucesión de curvas en herradura clásica del mítico puerto. En la última de estas curvas en herradura casi me hernio de la pendiente que había, pendiente que según el Garmin fue del 24%; a lo mejor fue sólo del 17%, pero era realmente dura… menos mal que fueron pocos metros…

Ayo y Francis con Las Niñas al fondo.

A partir de ahí tenemos un terreno bastante favorable aunque con alguna que otra subida más, que nos lleva hasta la Presa de Las Niñas. Hubo un tramo de asfalto realmente malo antes de llegar a Las Niñas, que nos hicieron el tratamiento de fisioterapia de gratis. Vaya mierda. Menos mal que mejoró cuando quedaban unos 11-12 kilómetros para Ayacata. Los 7 últimos kilómetros de la subida hasta Ayacata tienen una pendiente media del 5%, que se me hicieron realmente largos, por el cansancio acumulado y porque ahí se despejó el día y el sol apretó bastante. En cualquier caso, resultó refrescante ver aún algunos barrancos corriendo y llevando agua hasta la presa de Las Niñas, repleta a más no poder y con seguridad desaguando hacia Soria.

Pues bien, llegamos a Ayacata tras 70 kilómetros en 3 horas y 46 minutos (Ayo unos cuantos minutos menos). Ahí descansamos un poco, estiramos, nos hidratamos, comemos lo poco que nos quedaba y listos para comenzar la bajada. Ayo bajó ligerito, pero a mí me dolían el culo y el cuello una barbaridad, iba realmente incómodo en la bici y con ganas de llegar al coche. La bajada por Santa Lucía se me hizo interminable.

Nada particular que destacar de la bajada, así que llegamos al coche tras unas 5 horas encima de la bici y 112 km recorridos. Un par de cervezas, una madalena y listos para irnos pa’ casa a descansar, que nos lo ganamos. Si todo va bien, para la semana que viene más🙂.

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Maspalomas-Soria-Maspalomas

Posted by fjmachin en 30 enero 2010

Ayoze con la Presa de Soria detrás.

En lo que Ayo se anima a pasarnos la crónica de su participación en el I Maratón de Gran Canaria, hoy metemos una entrada sobre una salida que hicimos por el sur. Después del Maratón y de mi lesión en el tendón de Aquiles, la idea era hacer una etapa llana para rodar e ir cogiendo ritmo nuevamente. Pues nada, la etapa en cuestión era inicialmente salir de Maspalomas y subir el Barranco de Arguineguín. El Bco. es una subida muy ligera, progresiva, sin rampas, que te permite ir a buen ritmo y disfrutar de un paisaje que para nosotros era desconocido. Al comenzar a subir por el Bco. encontramos algo de viento de frente, siempre incómodo, que se disipó con el paso de los kilómetros.

Vamos acumulando kilómetros a lo largo del Bco. y llegamos al clave, al 14, kilómetro en el que yo pensaba que daríamos la vuelta. Pues de eso nada. En su constante afán de rompeplanes, Ayo propone seguir hacia arriba, ‘hasta donde la carretera nos dejase’, manda cojones, así planifico etapas yo también. Llegamos a un punto en el que un cartelito nos anuncia que estamos en una ruta ciclista, de casi 5 km de longitud y pendiente media del 7.7%. Muy bien, leña al mono. Comenzamos a subir y la verdad es que mereció la pena el esfuerzo. Fue dura, muy dura, pero al llegar arriba te encuentras con un paisaje acojonante: la profundidad del Bco. a tus pies y al fondo la presa de Soria.

Francis, con otra vista de la presa de Soria detrás.

Antes de comenzar el camino de vuelta, decidimos acercarnos hasta la presa de Soria, donde nunca habíamos estado. También nos impresionó de lo lindo la pared de la presa y la poca agua que tiene, a pesar de que las presas a su alrededor están cargaditas de agua.

Después de sacarnos un par de fotos y de disfrutar del entorno, comenzamos el regreso. Un buen número de kilómetros de bajada que se me hicieron largos, sobre todo a lo largo del Bco., porque nuevamente nos encontramos con viento en contra que no nos abandonó en todo el rato hasta que llegamos al coche. Viento en el Bco., y viento por toda la carretera vieja hasta Maspalomas. En algunos momentos se hizo realmente duro.

Al final, muy a gusto con la etapa, buenas sensaciones aunque cansados, y sin molestias de la lesión.

Pueden consultar los detalles de la salida aquí.

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Carrizal-Ayagaures-Carrizal

Posted by fjmachin en 2 enero 2010

Francis y Ayoze, en la pared de la primera presa de Ayagaures.

Ya llevábamos un par de buenas semanas sin hacer una salida decente con la bici. Hace buen tiempo para hacerlas por el sur, casi sin viento y con no demasiado sol. Nos decidimos a hacer una etapa entre Carrizal y Ayagaures, y vuelta a Carrizal (ver recorrido en Wikiloc). Es de tendencia llana, aunque por la zona de San Agustín y Maspalomas hay un par de repechos sabrosos, aparte de la subida a Ayagaures: la subida es suave, con porcentajes promedio de 1.5-2%, que se endurecen justo al llegar a las presas, aunque es en un tramo cortito, de unos 500 m.

Pues eso, nos cuadró un día perfecto para salir en bici por el sur. El camino hacia el sur fue muy rápido, con un poco de viento en contra que no molestaba demasiado. Llegamos al cruce de Ayagaures una hora después de salir, más o menos, y en ese momento nos faltaban unos 9 km para llegar a las presas. La subida hacia las presas de Ayagaures es diferente a otras, porque eres consciente de que subes, estás subiendo, pero la poca pendiente te permite rodar con bastante facilidad. En unos 25 minutos llegamos a las presas de Ayagaures después de recorrer un camino en el que nos encontramos con un buen número de ciclistas.

Hicimos una pequeña parada en la presa, para disfrutar del paisaje, reponer un poco de fuerzas, sacarnos un par de fotos, y vuelta al Carrizal por el mismo camino. Lo temido era la carretera por Juan Grande, que ya la vez anterior nos dejó del todo fundidos. Esta vez ocurrió todo lo contrario. Teníamos algo de viento a favor, no demasiado, pero el suficiente como para disfrutar del camino de vuelta rodando a 25-30 kmh por la zona de Juan Grande. En Vecindario había un atasco del carajo, pero después de ahí vuelta a rodar casi todo el rato por encima de 35 kmh.

Al final, 2 horas y 52 minutos para hacer los casi 81 km de este etapón.

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